Un beso no tan largo, una sonrisa compartida y luego ambos alejándonos en la estación del metro. No hay nada que replantearse, hay cosas que son definitivas y no vale la pena darle más vueltas.
Pero vivimos ese momento en que no importó lo que haya sido dicho antes, los acuerdos ya hechos, las decisiones tomadas. En ese instante, simplemente todo lo demás da lo mismo, ni hay nada más que dos en el mundo, formando un círculo propio en que nadie más tiene cabida, estamos rodeados de gente pero somos los únicos compartiendo abrazados la misma emoción y vibrando en la misma frecuencia… es probable que ésta sea la última vez juntos, pero es por estas cosas que te quedarás marcado en mí como una cicatriz, y has dejado de ser sólo uno más de la lista de intentos fallidos.
Doy gracias por encontrar en ti a alguien que se emocionara con las mismas cosas simples y hermosas, pero que a la vez supo darme un par de lecciones de sentido práctico. Que entendía que el tiempo que pasamos juntos era demasiado valioso como para perderlo mirando bajo el agua o en preguntas idiotas acerca del pasado no compartido. Que al tocarme era capaz de conectar la superficie de mi piel con mi fibra más interna y la emoción más oculta.
Te doy gracias por enseñarme que es posible querer a alguien sin cambiarle nada, que la distancia no es una cuestión de kilómetros, que permanecer en silencio no significa ignorar al otro, que la relatividad del tiempo depende de las decisiones propias. Que la palabra amor se queda corta y no es la correcta, porque no puede existir un solo concepto tan básico para definir tantos significados distintos y complejos.
Doy gracias, porque debido a ti aprendí que una despedida (la nuestra) no es el fin, sino un nuevo principio para cada uno.
[Y a seguir caminando, que el amor es todo lo que no puedes permitirte dejar atrás.]
(Esta es la n° 19 de las 24 en esta gran experiencia, infinitamente alegre de haber estado ahí contigo)
viernes, 1 de abril de 2011
martes, 1 de marzo de 2011
Encontrar pareja es como comprar un auto: Osho semejanzas
Lo obtenemos de acuerdo a nuestras posibilidades. La mayoría de nosotros no puede comprar un Ferrari, es demasiado caro, la patente es muy costosa, los repuestos difíciles de conseguir, gasta mucho combustible, etc. Simplemente no es accesible y punto. Aún así, lo ideal sería comprarse un auto nuevo, y si no se puede se adquiere uno con el menor uso posible y lo más cercano a las características deseadas. Dependiendo del género y el gusto, la mayoría puede fantasear con Scarleth Johansson o George Clooney (o ambos, y a la vez) pero hasta ahí nomás queda eso, en la fantasía. Y después de todo, para qué queremos un Ferrari? A menos que nos saquemos el Loto, comprarse uno es tan inteligente como tener un auto de 500 lucas y ponerle un sistema de audio de un millón.
Existe un ideal, siempre. Toda persona que quiere comprarse un vehículo sabe qué características necesita: city-car, deportivo ó 4x4, camionetas de cabina simple o doble, petroleros o bencineros, familiar o pequeño, o un modelo concreto. Y si no lo sabe, de inmediato comienza a pensar en qué le conviene cuando toma la decisión de obtenerlo. De la misma manera, uno también busca rasgos deseables: color de pelo y de ojos, altura y contextura, celos@ o liberal, machista, feminista o equilibrad@, etc. Y no falta quien busca al príncipe azul/princesa encantada del cuento, ese modelo específico al que difícilmente podrá acceder algún día, simplemente porque es un mito. Los más atinados entenderán a la larga que no existe el modelo perfecto, y terminarán por querer y aceptar el que tienen ya que esas mañas y defectos son los que hacen que el encanto y el gusto perduren.
Siempre se mira para el lado. No importa tener el vehículo que cumpla las expectativas, igual no faltará el que se voltee cuando pase ese precioso deportivo rojo pasión o soñará con ir al volante de esa enorme camioneta todo terreno con neblineras al lado de la cual hasta los tractores parecen escarabajos. Y al final, el que puede, puede nomás, pero hay que tener claro que alguien poseedor de dos o más vehículos se gana, si no es la envidia, al menos la reprobación y el pelambre de los demás. También huelga decir que todo mortal desea ser poseedor de algo por el que todos los amigos babeen, mientras sea de lejitos nomás (se mira pero no se toca, cabritooo... y tanto la pareja como el auto regalón son sagrados, nadie más que el dueño tiene permitido montarse encima).
Siempre se busca un modelo mejor. Apenas se compre un auto que supuestamente ha sido el mejor entre las opciones disponibles/accesibles, a poco andar uno va a encontrar detalles desagradables. Lo mismo al estar con alguien, después que pasa el primer enganche y ya no andan volando los corazoncitos rosados y los pajaritos de colores que nos
Se ajusta al principio de oferta y demanda. Según éste, si un modelo de vehículo (o cualquier otro bien) es muy cotizado en el mercado, su precio subirá y vice-versa. De igual forma, si una mina* es rica, tiene conversa interesante y además es coqueta/sexy, es obvio que le lloverán jotes pero entre todo ese cardumen de pirañas acechando para dar el mordisco apenas la situación se vea favorable, el pez más gordo se adjudicará este modelito; ella sería entonces algo como éste o este otro. Y al revés, una mina fea, fome, poco interesante o más pesada que un tren a pedales no tendrá muchas opciones y terminará yéndose con alguno que ande volando bajo (algo como así o así). Las demás, vendrían siendo algo intermedio como un Yaris, un Corsa o un Accent, generalmente sedan; es decir, un buen modelo, cómodo y bastante cotizado, pero demasiado común, por lo que siempre podría haber algo mejor… y en esta categoría jugamos la mayoría.
(*El ejemplo es “mina” porque es el lado desde el que escribo, pero la comparación es general y aplica pa’ ambos lados)
Para cada persona existe el modelo perfecto. Aquí me declaro creyente de que debe existir eso de “la otra mitad” en cuanto a tener pareja. Y así como cuando una persona sabe perfectamente cuál es el modelo de vehículo definitivo al que aspira, lo mismo pasa en las relaciones. Pero para llegar a eso, lo que más juega en contra es el azar, y existen los suertudos que justo encuentran a esa persona que buscan, con la que se complementan, la cual es perfecta con todas sus grandes cualidades y todas sus insufribles mañas, parejas que estando juntas construyen algo tan bueno que no podrían hacerlo mejor ni su vida sería tan plena si estuviera cada uno por separado. Pero ¿qué tal si sé exactamente el vehículo que quiero, y nunca me entero de que existe porque quien lo vende está en Arica, en Nueva Zelanda, en Arabia? ¿O estaba a dos cuadras y justo no vi el aviso? En ese caso, uno se arriesgaría por el modelo más parecido que encuentre y se quedaría con ése, aunque no es 100% el deseado, o en el peor de los casos, por apurones podemos encontrarlo ya habiendo comprado uno… ¿Qué pasaría si “esa persona” fuera la señora de mi hermano, o la polola de mi mejor amigo? ¿O está en una situación geográfica a la cual no llegaré nunca, o paso por ahí a destiempo? El mundo es tan grande para un animal del tamaño, costumbres y tiempo de vida como nosotros, y somos demasiado numerosos por lo que ese encuentro ideal entre las dos personas precisas debe ser tan probable como ganarse la Lotería. En definitiva, uno toma la decisión de quedarse con lo más parecido a lo que se busca, lo que al final dé saldo positivo (o neutro, depende de lo conformista que sea uno), y se arriesga, tiene hijos, intenta formar un hogar. Total para eso uno está en este planeta gastando aire, para arriesgarse, o no?
No todos quieren andar motorizados. Porque también existe el bus, el colectivo, la bicicleta y hasta la joyita del amigo que nos puede ir a dejar, todo lo cual es igualmente útil para llegar a destino. Y somos hartos los que preferimos andar de peatones por la vida, por diversas razones, aunque la mayoría quisiéramos subirnos a nuestro propio vehículo algún día… ir a pie puede ser divertido y nos exime de casi todas las responsabilidades, pero eso y el transporte público igual cansan a veces, a pesar de ser una buena y válida opción.
(Y justo ahora, yo ando pensando si tirarme a la piscina o no con un modelito que tengo visto, hay ganas pero existen detalles importantes que me hacen dudar harto...)
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viernes, 30 de julio de 2010
Impresiones tardías acerca del Waka-Waka
Hay sitios en internet que afirman que la infidelidad femenina aumentó durante el mes que duró el mundial. ¿Coincidencia? Hay que tomar en cuenta que existe un gran número de mujeres a las que el fútbol les carga o les importa un rábano, y un mundial sólo trae incomodidades como no poder disponer del televisor a cualquier hora, falta de coordinación para compromisos o planes en conjunto, conversaciones prácticamente monotemáticas, una invasión de hombres mandrilizados que gritan y beben alcohol en el hogar propio… Y como guinda de la torta, no es nada de motivante para una mujer que su macho esté más ocupado tasando las piernas de Humberto Suazo que las de ella, o que sea irremediablemente hipnotizado por el plasma o pantalla plana con la repetición número mil de los mismos goles aunque ella le haga al frente una performance digna de Kim Basinger en 9 semanas y media.
Entonces ¿Qué deciden hacer las mujeres ante tal panorama? Señores, si piensan que a ellas les basta con sentarse a su lado y acompañarlos en silencio viendo a 20 hombres corriendo en pantalón corto por hora y media, se equivocan (20, los arqueros se visten como payasos y el árbitro suele ser medio guatón, así que no cuentan), no es suficiente con el abdomen perfecto de Alexis Sánchez o Cristiano Ronaldo ni con el sex-appeal de Iker Casillas. Claro, para distraerse podrían irse de shopping, al cine, a tomarse un café con las amigas y pelar al zombie que tienen por marido, pero hay ciertas necesidades insatisfechas que ameritan una canita al aire, y ni tontas ni perezosas, se buscan una sucursal temporal, algún individuo entusiasta que tenga la energía y disposición para apreciar otras redondeces además de un balón de fútbol, y otros temas de conversación alejados de los tiros penales y offsides (regla generalmente incomprendida por las mujeres no futboleras).
Viéndolo desde esa perspectiva, quienes realmente deberían agradecer por el fin del mundial no son las mujeres exasperadas sino los hombres cabeza de pelota, porque cuando ellos vuelvan a la normalidad y le brinden a sus compañeras las debidas atenciones, si no los pescan no será por despecho ni venganza, es sólo que quien tiene poca hambre no come con muchas ganas. En todo caso, no hay que preocuparse ya que eso durará poco y los deslices cometidos quedarán atrás al igual que este mundial que ya lentamente va pasando al olvido, género masculino y femenino volverán a convivir y enfrentarse en ámbitos fuera de un cuadrilátero gigante de césped y así será restablecido el equilibrio universal… hasta que llegue Brasil 2014.
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miércoles, 24 de marzo de 2010
Advertencia: este post es depresivo al cubo.
Hoy es uno de esos días en que nada me parece bien. En que me doy cuenta de que nada ha ido bien últimamente, no porque exista la mala suerte, ni porque yo no sea capaz de hacerme cargo de mi vida, ni porque el de arriba me tiene mala ni por falta de inteligencia ni de maña. Todo está mal y todo se me da mal simplemente porque yo no estoy bien.
Medio Chile se vino abajo con un terremoto y la gente se las sabe componer igualmente bien, igual se las arreglan para salir adelante. Yo lo tengo todo, y estoy pegada hace meses en lo mismo, como estas camionetas sin tracción que patinan en el barro y en vez de zafarse se hunden más. Trato de hacer lo que se supone que hace una persona común y corriente con una vida normal, trabajar, hablar con mi familia, juntarme con mis amigos, carretear, salir con alguien de vez en cuando, sólo que no sé en qué momento todas esas cosas “normales” dejaron de tener sentido y me cuesta un montón hacerlas. Simplemente NO quiero, y así me quedo.
Hoy es un día en que me doy cuenta en que llevo demasiado tiempo de este hueveo malsano. Que ya ni recuerdo cuándo partí así ni sé cuándo se va a terminar. Que da lo mismo escribirlo, patalear, decírselo a alguien o quedarme callada, porque nada sirve. Estoy metida en un hoyo anímico del que definitivamente no puedo salir sola, porque como se supone que nada va mal en mi vida, no tengo problemas graves, ni males de amor, ni terribles problemas financieros, y mi estado de salud es aceptable, no puedo identificar la puta causa de lo que me tiene así. Si tuviera un problema gigante sobre los hombros, como el hecho de que un terremoto se llevara todo lo que tengo o un maremoto hiciera desaparecer a mi familia, o sufriera un mal invalidante o simplemente estuviera vieja, achacosa y sola, diría “claro, esto es algo que deprimiría a cualquiera, no?”. Pero resulta que como no tengo idea qué mierda me pasa, la conclusión final es que necesito una mano que me ayude a salir del hoyo, porque no puedo sola.
No necesito frases cliché de la gente que lo tiene todo resuelto, ni que me digan los típicos elogios pa’ levantar el ánimo de lo linda o simpática que soy, ni que me reten porque no hago lo que debo ni me peguen o me manden a la chucha porque no me esfuerzo lo suficiente. Lo que necesito es ayuda de verdad, ya no puedo sola conmigo y me estoy enfermando. Realmente hasta lo más sencillo se vuelve complicado de hacer, y me siento una mierda de persona. Lo que necesito es un remedio, esto ya se convirtió en una enfermedad.
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lunes, 28 de septiembre de 2009
La femineidad tiene nombre y apellido.
Esa misma que sale en los comerciales del desodorante Lady SpeedStick, y que va por la vida saltando edificios y poniéndole la axila en la cara a cuanto galán se le cruza en el camino, porque ella no suda… cómo va a sudar, digo yo? A cualquiera que se depile con un cuchillo para matar rinocerontes ya no le quedarían glándulas sudoríparas, así que me huele a trampa eso de la efectividad del antitranspirante. Yo la veo y es toda una aventurera de esas que andan por la selva volando en lianas sobre los pantanos pestilentes, comiéndose a las serpientes para sobrevivir en el desierto del Sahara, en fin, haciendo cosas sucias, nada glamorosas y bien poco femeninas, pero al verla en acción varias veces me ha asaltado la misma duda: ¿por qué se ve sexy una mujer cuando sabe manejar una retroexcavadora o esos taladros gigantes para romper cemento (hombres, pinchen el link), o bien es capitán de un barco, soldadora, o conoce de mecánica de autos y motos? Si se supone que esos roles han sido históricamente realizados por machos recios de pelo en pecho, por qué se cotiza tan bien que una mujer los haga? Quizás en el fondo los hombres sienten atracción por lo masculino y no lo quieren reconocer, aunque a veces lleguen a parecer auténticos homofóbicos de closet de tanto que defienden su virilidad, o a lo mejor el sexo masculino es intrínsecamente ególatra y les encanta ver manifestaciones de masculinidad en todas las cosas, incluso –y sobre todo –en cuerpo de mujer.
Como buena bióloga, a una le da lo mismo andar mojada y sucia persiguiendo y agarrando con las manitos propias bichos marinos entre las rocas, o se banca andar con frío arriba de un bote y oliendo a pescado, a una puede encantarle el trabajo de terreno pero, o sea, nada de sexy andar con ropa de agua, botas de goma y gorrito de lana, por mucho que una aperre y se desempeñe bien en estas pegas de índole “masculina”… yo me miro así y encuentro bien difícil que un tipo cualquiera, por muy buena onda que pueda ser, se me acerque con esa pinta a hablarme con alguna intención de querer jotearme, ¿o no?
[Aquí mi pololi de verano, al cual pude conquistar a pesar de la facha, el barro en la ropa y el olor a mar, pero claramente este ejemplar macho no era de la especie humana].
No sé, habría que preguntarles a ELLOS por qué es deseable la versión femenina de un híbrido entre Indiana Jones y el Cocodrilo Dundee. Mientras tanto, Barbara Blade seguirá seduciendo atractivos galanes con su particular y coqueta técnica de ponerles su axila olorosa no-sudorosa sobre la nariz. Para mí que justo en esa parte de su anatomía esta mujer tiene algún tipo de feromona ultra súper dúper poderosa que deja a los hombres todos locos.
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lunes, 21 de septiembre de 2009
Apio verde

Hace poco estuve de cumpleaños. Lo mejor, pienso yo, es darte cuenta de la cantidad de gente que se preocupa de saludarte, aunque sea por el Facebook, denota que al menos se tomaron un par de minutos de su tiempo para mí, y agradezco mucho eso. Además, me encanta recibir regalos :)
Lo malo es que a estas alturas ya no me dan muchas ganas de celebrar. Me adosé a los festejos de la titulación de una amiga, pero si no, creo que me habría quedado en la casa. Como que no hay mucho de lo que me puedan felicitar (eso le dije a la Lore cuando me llamó, parece que le cayó mal mi comentario :S … fue sin mala intención!), y es que cuando eres más chica te alegras porque sientes que con cada apio verde vas creciendo un poco más, no sólo de tamaño sino como persona también…
Ahora, me miro al espejo y ya voy viendo las primeras arruguitas incipientes, algunos cúmulos de celulitis en los muslos, sus varios pares de canas, pero me comparo a cómo era hace algunos años y nada parece haber cambiado mucho. ¿He “crecido” desde ese tiempo hasta ahora? He aprendido unas cuantas cosas, pero me veo y sigo teniendo los mismos defectos, y a las mañas que ya estaban se han ido agregando otras… más que la sensación de no crecer, es la de no progresar. Es darme cuenta de que, con cada año que pasa, voy dejando de ser una vieja chica para transformarme simplemente en una vieja (y en el futuro en una vieja de mierda? capaz...)
¿Que cuántos cumplí? Veintiséis. Y voy a guardar esto para ver si a los 30 seguiré pensando las mismas tonteras.
Eso dijo la Vieja Chica a las 17:33 2 rastros más jóvenes
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Pájaros en la cabeza



