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domingo, 12 de junio de 2011

De hombres y pasteles

Aunque ya se hayan empleado hartos bytes en su clasificación y deconstrucción, igual quiero decir algo acerca de estos personajes desde la perspectiva personal: los pasteles.

Partiré diciendo que una de las escasas cosas de las que puedo jactarme de toda la vida y el universo, es que en cuanto a estar emparejada sé exactamente lo que quiero, eso lo he logrado a punta de porrazos, locuras, malos ratos  y aciertos, y le agrego también las experiencias de mis amigas y conocidas que una ve desde afuera y de las que muchas veces una se caga de la risa o actúa como un paño de lágrimas mejor que la servilleta Abolengo. Así y todo, hay algo que sigo preguntándome hasta el día de hoy: ¿Por qué tengo tanta fijación con los pasteles? Es que en serio, no puede ser que tengo tan, pero tan mal ojo. Igual, probabilísticamente llevo las de perder, al menos el 80% de los especímenes masculinos que deambulan por ahí lo son, pero por qué me cuesta tanto justo fijarme en uno del 20% restante? Parece ser un mal común en todo caso, porque la pregunta es recurrente en varios lugares de la blogosfera y en las canciones de la Francisca Valenzuela, así que al menos no estoy sola en esto.

Los machos recios siempre se quejan de nosotras de no saber qué cresta queremos. Les encuentro toda la razón en eso, pero al menos somos EXPERTAS en identificar lo que NO queremos. Yo estoy segura que al menos la mitad de los hombres de mi edad tampoco saben lo que quieren, ni mucho menos lo que no quieren, y por eso son tan pasteles. Pero hay algo que aún no he aprendido, o no sé, con el tiempo he racionalizado tanto esto de las relaciones que cuando pasan años para al fin sentir algo de verdad, una simplemente dice “el chancho está tirado”...
todo parecía estar empezando bien, nos entendíamos hasta en las mañas y en esas ñoñerías que nadie comprende y de las que nadie se ríe, el pastel parecía una buena persona. De hecho lo es, y ahí radica el mayor engaño y daño potencial que pueden causarnos: ellos nunca actúan con mala intención.

Pero no, Murphy tiene que meter su mano porque tanta maravilla no puede ser posible, y aunque hace tiempo que me considero rehabilitada de la pastelofilia, lo malo es que para darte cuenta de que al individuo sólo le falta el marrasquino encima primero tuviste que involucrarte con él, y luego de eso el daño ya está hecho. La diferencia es que ahora simplemente lo mandas a la mierda en vez de intentarlo y buscarle por todos los lados y a la larga, sufrir (sí, atentamos contra nuestra dignidad silenciando al sentido común), lo bonito sería que en la práctica el regusto amargo de la experiencia se acabara al decir la frase “nunca más”, ya que lo que en realidad pasa es que una se deprime igual y rompe la dieta de la luna y se come un kilo de helado de chocolate en pijamas mientras escucha a la Rocío Jurado y mete a todos los pobres hombres del mundo en el mismo saco, porque obvio, todos son iguales (adivinaron? Sí, pasteles).


No puedo entender que un sujeto más cercano de los 30 que de los 20 salga con cosas como "ay, es que estoy confundido" o "es que prefiero estar solo" o "no eres tú, soy yo", “aún pienso en mi ex” y weás pendejas por el estilo, después de que te ha dicho “lo maravillosa que eres”, “lo afortunado que se siente de encontrar a alguien como tú”, “había perdido la esperanza pero llegaste tú" (bonus por cursi), o sea, ¿pretenden que una no se enganche con eso? No me vengan con que nos enrollamos de más, si realmente quieren algo light ¿por qué no lo avisan al principio para dejar las reglas claras, en vez de pegarte el garrotazo cuando una ya se agarró? Tampoco entiendo la actitud de supuestamente tener algo y que el tipo no te pesque ni en bajada, hasta que al fin te cabreas y en el momento en que le das la merecida PLR, él recién ahí se ponga las pilas cuando ya no hay vuelta atrás, persiguiéndote incluso por años (verídico) ya que “no se resigna a perderte”.

A las damas que lean esto, sólo les digo que si se encuentran con alguien con las actitudes anteriormente descritas, huyan como de la peste (a menos que sean masoquistas o pretendan bajarse la autoestima) ya que estos personajes, a pesar de tener casi siempre las mejores intenciones, al final igual terminan haciendo que una puro tome caldo de cabeza y lo pase como el forro. Mejor dejar el episodio atrás, derramar las lágrimas correspondientes de manera digna, sin escándalo y con el/la amigui de turno de ser necesario, y a otra cosa mariposa. A lo mejor el próximo sí es un gallo wena onda y seguro de sí mismo con quien dejarse querer, es decir, un hombre de verdad, calificativo que le queda grande a un pastel.

lunes, 9 de mayo de 2011

Reflexiones trasnochadas semi-etílicas

Nunca he sido demasiado afectuosa, sí soy regalona, siempre me gustaron los abrazos y los besos y que me hagan cariñito en el pelo, sólo que para eso hay que romper una primera barrera que es bien rígida y cuyo último paso es que esas manifestaciones se den en público. Con Gustavo eso nunca existió, quizá porque él nació repartiendo nanais y ha sido así durante sus 10 años de vida, con mis papás en cambio, recién ahora han renacido los abrazos porque todos estamos más viejos (sobre todo ellos) y porque cuando hay sol todos andan por su lado pero cuando viene un chaparrón gigante uno se junta con su gente para meterse debajo de un paraguas común, sobre todo si es chico, y eso es lo que pasó hace un tiempo con la lluvia que sigue hasta ahora y no sabemos cuándo va a parar.

Escribo esto pensando en que los últimos dos o tres años me he quejado de que me he vuelto un poco dura, que me gustaría que apareciera alguien que me hiciera ser una mamona completamente, que al verlo me produzca las famosas mariposas en el estómago, que al pensar en nosotros me ande riendo sola  y que me inspire a escribir prosas de amor baratas y a trazar nuestros nombres en la arena de la playa encerrados por corazoncitos. En fin, que eso hace rato que no pasa, no sé si sea que ya tengo poca capacidad para sentir esas cosas por cualquiera y de verdad tiene que aparecer ese espécimen “súper ezpezial”, o será que simplemente con el tiempo una deja de ser tan pendeja y aprende a racionalizar las emociones y a tratarlas como lo que son nomás, un conjunto de reacciones químicas desatadas en nuestro organismo bajo un estímulo estresante (y escrito así obvio que pierde toda la magia). Quizá eso último es a lo que le llaman “madurez” y si es así, espero que lo siguiente no sea sólo podrirme en la mata y poder darle aplicación práctica a lo aprendido.

Lo que siempre termina jodiéndolo a uno es el maldito deseo sexual. Si no fuera por eso, emparejarse sería tan fácil como ponerte de acuerdo con el amigo con el que mejor te llevas (el mejor amigo puede servir) y armar una vida en común, previa lectura de cartilla de mañas y defectos tal como lo hizo Sherlock Holmes con el Dr. Watson cuando se fueron a vivir juntos (no, ellos no eran gay). Sin embargo, no te emparejas con tu mejor amigo porque aunque se lleven la raja y sea el acompañante ideal que nunca dejará la toalla mojada tirada o el lavamanos con pelos, no existe ni una pizca de tensión sexual entre ambos. Hasta puedes pensar en que sería un súper buen padre, pero no te lo imaginas junto a ti en el proceso de fabricación de esos cabros chicos que han de criar juntos (no, gracias). Y los dos ilusos quieren encontrar a ese ser “súper ezpezial” que les haga sentir las mariposas y que cumpla con los demás requisitos descritos, mientras durante años cada uno por su lado van haciendo recuento de los intentos y experimentos que salieron mal, entre los cuales surgirán esos personajes que le revolucionan a uno todas las hormonas pero por alguna razón no son buenos candidatos como padres para tus hijos ni para el emparejamiento definitivo y formal, y en ese caso uno simplemente es optimista y mientras uno se divierte guarda la esperanza en su corazón que todo ese training servirá de preparación para el ser “súper ezpezial” que algún día llegará (y que sabrá valorarlo y no te andará sacando en cara puras weás ni celando retrospectivamente).

A mí no me gusta guardar esperanzas en todo caso, porque tengo un par de fichas que aún podría jugar en una mano súper arriesgada pero con pocas probabilidades de ganar la apuesta. Así que mejor las guardo para más adelante porque lo que sí tengo es fe en que tendré una familia a futuro, quizá una no-convencional formada por Gustavo, yo y un hijo adoptivo ya que la idea de preñarme no es de mi entero agrado, pero familia al fin y al cabo. Y creo que estoy pensando en estas cuestiones porque tengo 27 años y ahora están empezando a importarme cosas que antes no parecían importantes, y porque hace muy poco iba a apostar al todo o nada como no lo había hecho en mucho tiempo basándome sólo en las famosas esperanzas, cuando lo que vale es la fe y no hay que confundir ambas cosas. (Y si no hay fe todo se va a la mierda nomás)

Y bueno, también estoy escribiendo esto porque no puedo dormir, hace frío, mi cabeza está llena de pajarracos revoloteando, tengo el blog abierto y hay media botella de vino tinto disuelto en mi sangre (pa'l frío según yo), lo cual no lo hace menos cierto aunque lo lea y se vea bien poco coherente esta cuestión.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Apio verde


Hace poco estuve de cumpleaños. Lo mejor, pienso yo, es darte cuenta de la cantidad de gente que se preocupa de saludarte, aunque sea por el Facebook, denota que al menos se tomaron un par de minutos de su tiempo para mí, y agradezco mucho eso. Además, me encanta recibir regalos :)

Lo malo es que a estas alturas ya no me dan muchas ganas de celebrar. Me adosé a los festejos de la titulación de una amiga, pero si no, creo que me habría quedado en la casa. Como que no hay mucho de lo que me puedan felicitar (eso le dije a la Lore cuando me llamó, parece que le cayó mal mi comentario :S … fue sin mala intención!), y es que cuando eres más chica te alegras porque sientes que con cada apio verde vas creciendo un poco más, no sólo de tamaño sino como persona también…

Ahora, me miro al espejo y ya voy viendo las primeras arruguitas incipientes, algunos cúmulos de celulitis en los muslos, sus varios pares de canas, pero me comparo a cómo era hace algunos años y nada parece haber cambiado mucho. ¿He “crecido” desde ese tiempo hasta ahora? He aprendido unas cuantas cosas, pero me veo y sigo teniendo los mismos defectos, y a las mañas que ya estaban se han ido agregando otras… más que la sensación de no crecer, es la de no progresar. Es darme cuenta de que, con cada año que pasa, voy dejando de ser una vieja chica para transformarme simplemente en una vieja (y en el futuro en una vieja de mierda? capaz...)

¿Que cuántos cumplí? Veintiséis. Y voy a guardar esto para ver si a los 30 seguiré pensando las mismas tonteras.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Viejachica Jones, en busca de la Motivación Perdida.

Estoy cansada.
Cansada de tratar de avanzar, si estoy pegada al mismo lugar y no sé cómo salir.
Cansada de inventar excusas que ni yo misma me trago. Qué puedo hacer, no es posible engañarme a mí misma.
Quizá la solución sería mandar todo a la mierda y desaparecer, pero eso sería lo más fácil (¿o no?)

El tiempo pasa y cada vez es menos, y yo sigo en el lugar de siempre, sin dar un paso… será que la ilusión me abandonó y se olvidó de mí? O será que me espera en la misma esquina todos los días, pero yo soy tan ciega que paso a su lado y la ignoro?

Sí, estoy cansada.

Debería existir una manera de abandonarse a uno mismo, cuando nos cansamos. No tener que lidiar por un rato con ese yo interno tan odioso y antipático, dejar este cuerpo y mandarme a cambiar a cualquier parte para estar sola, si de todas formas no hay nadie, me cansa esta soledad rodeada de gente todo el tiempo.

Cuando el cuerpo se agota uno se acuesta y duerme, pero qué hacer cuando lo cansado es el espíritu? Qué hacer si no quiere cargar con este cuerpo?

...

...

martes, 9 de junio de 2009

La voz de los '80 (es lo que está de moda)


Nací en el ’83, en plena dictadura, aunque ese período prácticamente me lo perdí y ya llegada la “edad de la razón” (lo que me ocurrió como a los 10 recién) ya estábamos bajo un gobierno llamado democrático. Siendo yo chica, mis padres cambiaron el campo por la ciudad, estuvieron de allegados, hubo cesantía y escasez y salieron adelante, aunque yo mucho no me di cuenta porque como toda niña que salió de una familia donde la prioridad es el pan y no los libros, vivía en el mundo de Bilz y Pap. Así que me considero una persona “noventera” si hablamos en términos de esas categorizaciones por épocas que parece a todo el mundo le gustan. Y como representante de los noventas y ahora, del siglo 21, me apesta tener que mamarme todo ese reciclaje de los ochentas con el que nos bombardean.

Ahora todas las radios tocan música ochentera, le llaman “Clásicos” a cualquier tontera con un fondo de sintetizador barato que suene a cosa vieja y esos videos donde las niñas salen con unos peinados imposibles edificados a punta de laca, y los hombres con jeans apretadísimos, y todos con camisas colorinches y hombreras gigantes. Es súper bien mirado decir que te gusta A-ha, Journey, Reo Speedwagon, Bon Jovi, The Bangles y la gente de mi generación se informa e incluso van a las fiestas kitsch. Invitan a grupos y artistas al Festival de Viña aunque hayan pasado dos décadas de su desaparición, la moda también ha vuelto (aunque reciclada y más fresca), te subes al auto de tu amigo que antes escuchaba FM Dos o Rock and Pop, y ahora suenan la Universo, Infinita, Radioactiva o Concierto. Estas dos últimas cambiaron de tocar dance y alternativa por música ochentera… y así podrían seguir añadiéndose a la lista más y más ejemplos.

Pero la culpa no es de los ochentas, la música de los ’70 y ’60 también tienen su estatus. En realidad, lo que definitivamente no tiene nada de cool es decir que te gusta la música de los ’90, ni la de ahora tampoco a menos que sea “Indie”, porque eso es lo que está de moda (aunque una venga conociendo esa música desde los inicios, ahora tiene nombre propio y todos los weones la escuchan y una es parte del piño nomás). Los noventas son un período muerto por sí mismo, muchos estilos de los que sólo sobreviven los artistas que trascienden a las modas y ya se ganaron la inmortalidad, de los otros muy poco nos acordamos. Por qué entonces, hasta el más insignificante pelagato que tuvo un “one hit wonder” en los ochentas, parece merecer que lo recuerden 20 años más tarde? De dónde salió esa fiebre repentina y ese reconocimiento póstumo a una música que llega a oler mal de lo muerta que está?

Varios amigos dicen que es una cosa de poder adquisitivo, en 20 años más los de esta época lo tendremos y por eso estará de moda la música de esta década, ya que eso les conviene a las discográficas, y que eso es lo que sucede ahora con los ochenteros. Personalmente, pienso que el motivo es más profundo. Simplemente, la década pasada ni esta tienen nada que aportar. Estuvieron los ’60 con la libertad sexual y la revolución de las flores, los ’70 con el golpe de estado y una pérdida drástica de las libertades personales y colectivas, los ’80 con la efervescencia de la disconformidad de la gente y querer producir un cambio social. Todas esas épocas tuvieron su bandera de lucha, ideales por los cuales pelear, motivos para sentirse marginados, para luchar juntos por una causa, el sueño de la democracia, de la libertad y la igualdad. Los ochentas están marcados de años de sueños reprimidos buscando su emancipación, “la alegría ya viene” era lo que se coreaba. Existía la represión desmedida y el abuso de poder, el vivir en condiciones no humanas sin derecho a pataleo ni menos a beneficios, en fin, si la música de los ochentas está viva es por lo que ella representa aunque su calidad sea cuestionable (sino, qué me dicen de Los Prisioneros?). Y aunque mucho de lo que se escucha tenga origen gringo o inglés, no es eso lo importante, sino que el escucharla evoca momentos memorables y un cambio completo de escenario en nuestro país… es una cosa puramente nostálgica.

Los noventas, en cambio, son un período estéril. La alegría supuestamente llegó con una democracia en ciernes, más que nunca se hizo presente el sistema de libre mercado, los tratados de libre comercio y una economía floreciente. Se acabaron los ideales por los cuales luchar, ya no existe la represión ni la coacción, pasamos a un libertinaje total en todo ámbito donde todo está permitido, los valores se van haciendo anticuados como la Inquisición y a eso le llamamos un pensamiento “progresista”, donde ser una persona de principios es tan fácil como criticar el doble estándar pero sin dejar de usarlo cuando convenga, nos volvimos individualistas, competitivos y egoístas, dejaron de existir las banderas de lucha. El Axé y el reggaetón no son más que un reflejo de esa pobreza de ideales y de sustancia, porque ahora todo es superficial y desechable. La música de esta época vino a caer en terreno infértil, porque se acabaron los momentos memorables y las ganas de cambiar el mundo, por lo que no me extrañaría que en 20 años estemos en otra y no existan radios que cambien de rubro ni usemos nuestro poder adquisitivo para hacernos hasta de los lados B de los grupitos que no pasarán del 2010. Ni siquiera por la nostalgia… de qué? Si los ochentas están de moda, es por derecho propio.


lunes, 13 de abril de 2009

Dios es Amor... (entonces, por qué existe el Mal?)

"Reflexión de Semana Santa"

Dios creó el mundo en 7 días, creó a Adán el primer Hombre, y de su costilla a Eva la primera Mujer. Ambos eran inocentes como niños y no tenían internalizado el concepto del bien ni del mal, así que Dios les dijo que podían disfrutar del jardín del Edén pero les prohibió que comieran el fruto de un árbol en particular –con el tiempo se dijo era una manzana, pero eso no es del todo claro – . No obstante, como seres inocentes que eran, no fue así, ya que todo el mundo sabe que si dejas a dos niños en una pieza llena de juguetes y les dices que pueden hacer lo que se les antoje, menos comer de la fuente de caramelos de la mesita de centro, en algún momento se aburrirán y pensarán en hacerlo, habiendo prohibición mediante. Y quizá el Edén terminó por aburrirlos, sobre todo a Eva, quien como buena mujer y con una curiosidad insaciable que condena a nuestro género hasta los días de hoy, fue y comió uno de esos frutos, a instigación de una serpiente, y luego, convidó de la manzana a Adán. Desde entonces, fueron echados fuera del paraíso y condenados ambos a la mortalidad, a él a ganarse el pan de cada día con el sudor de su frente y a ella a parir sus hijos con dolor (y de paso, pagar su pecado en cómodas cuotas mensuales). La pobre serpiente, fue destinada a comer polvo o al menos, a ser un animal rastrero y despreciable.

Cuando yo era chica y estaba obligada a asistir a las clases de religión, me contaban esta historia, y a la vez me convencieron de que Dios es un ser omnipotente (todo lo puede), omnipresente (está en todo lugar y todo momento), omnisciente (todo lo sabe) e infinitamente bueno, y así había sido el creador de todas las cosas. De alguna manera, quizá de la misma forma en que yo creía en la existencia de un Viejito Pascuero que nos trae regalos por el sólo hecho de “portarnos bien”, me convencieron de la existencia de ese Dios con tales características.

Por las mismas épocas, y en las clases de castellano (a las que también estaba obligada a ir pero sí me gustaban), me hablaban acerca de las leyendas y siempre sentí mucho interés por los mitos chilotes: el Trauco, la Pincoya, el Caleuche, son los que de inmediato se grabaron en mi memoria. Y también, me decían que como mitos que eran, pasaban de manera oral y de generación en generación, por lo que con los años se les iban agregando más detalles extraordinarios conformes pasaran por las innumerables bocas, gargantas y oídos a través del tiempo. La gente los creía, ya que daban una explicación a hechos que simplemente escapaban al entendimiento, como la desaparición de los pescadores, el repentino embarazo de una joven doncella o la arbitraria abundancia y escasez de los recursos marinos que constituían la base de la alimentación de las familias. Y con el tiempo, se habían transformado sólo en eso, una leyenda, una historia anecdótica, ya que en la actualidad se han dado luces de que todos aquellos fenómenos realmente tienen una explicación lógica, y estas historias, más que explicaciones, ahora son parte de la identidad y cultura de un pueblo.

Lo mismo en las clases de historia, donde nos hablaban de Mayas, Aztecas, Incas y diversos pueblos originarios de Chile, todos con un sinnúmero de divinidades que merecían los más diversos sacrificios y que a fin de cuentas, respondían simplemente a los elementos de la naturaleza que ellos no podían controlar: lluvias, sequía, actividad volcánica, tormentas y terremotos correspondían a negligencia del pueblo hacia sus dioses, que de alguna manera no estaban satisfechos. Qué bárbaros y crueles me parecían, en esos ritos que muchas veces se nos mostraban sangrientos y crueles. Qué equivocados estaban en su cosmovisión politeísta, cuando en realidad existía sólo un Dios al que había que adorar, y la única manera de complacerle era cumplir sus mandamientos, y rezar con ojos cerrados y con las manos juntitas, para pedir y agradecer. Y sobre todo, creer en Él sin discutir. No era mucho pedir, o sí?

Sin embargo, había ciertos aspectos que no terminaban por quedarme claros:
¿Por qué la historia de la creación del mundo se decía verdadera, cuando en sus detalles fantásticos nada puede envidiarle un mito chilote o cualquier leyenda griega o romana? Claro, la diferencia es que esta historia –verídica –está contada en un libro sagrado, del cual supuestamente ni una coma ha sido cambiada desde que se escribió, a diferencia de esas historias que pasan de boca en boca y sufren cambios según el capricho y la imaginación del relator. Lo malo de este libro es justamente eso, que como sagrado que es, ni se te ocurra objetar o siquiera cuestionar lo que dice, aunque pienses que está lleno de falacias y contradicciones (No, mejor ni lo pienses o las penas del infierno caerán sobre ti).

Pero considerando que la historia fuera cierta, ¿dónde queda eso de que Dios es omnipresente, para no estar ahí e impedir que Eva coma la manzana y más encima tenga tiempo de presentarla ante Adán? ¿Cómo dejó que la serpiente la engañe, y Dios no previó que eso podría suceder? Siendo así, en ese caso Dios no es omnisciente, si se supone que todo lo sabe. Y finalmente, ¿de dónde salió esa serpiente a tentar a Eva, que acaso este animal fue enviado por Lucifer, el ángel que entró en rebelión? Eso no aparece en la Biblia explicado pero si así fuera, ¿cómo dejó Dios que el Mal entre en el jardín del Edén? A esto puede decirse que Dios dejó deliberadamente que todo ellos sucediera, pero, ¿Qué acaso no es Dios infinitamente bueno, por qué iba a dejar que le ocurriera daño a los seres de su creación hechos a su imagen y semejanza? Y conociendo todo esto, ¿Por qué razón castiga a Adán y Eva, viendo lo premeditado de su plan? Claro, dentro del plan estaba el castigarlos, y hasta ahí me cuesta ver la “infinita bondad” del creador en cuestión.

De ahí en adelante, todos los descendientes de Adán y Eva caen en desgracia y están marcados por el pecado de sus padres. Entonces me surge otra duda, porque, si todos nosotros venimos de los primeros humanos, entonces o estamos todos emparentados, y nos andaríamos reproduciendo hasta con nuestros hermanos (cosa bastante reprobable biológica y socialmente), o hay alguna parte de la historia que me perdí en el camino. Y que todo el mundo se perdió, porque ni la Biblia ha podido contestar de manera satisfactoria esta pregunta. Pero siguiendo adelante, es necesario que el hijo de Dios venga a la Tierra, en forma humana para derramar su sangre y sufrir la ley de los hombres, y de esa manera lavar el pecado de nuestros primeros padres y tener de nuevo entrada al Paraíso. Me volvía a cuestionar entonces: ¿Qué tanta bondad puede haber en un ser que engendra un Hijo con el sólo objetivo de que venga a sufrir, derramar su sangre y morir de la forma más grotesca a fin de que los seres que Él mismo creó puedan entrar a un lugar que Él nos ha vedado? ¿Qué acaso eso no está simplemente en su voluntad? ¿Por qué su hijo debe morir tan cruelmente para que esto sea hecho, y cuál es la diferencia de este sacrificio con los que hacían las culturas precolombinas a sus múltiples dioses?

Así y todo, los seres humanos nunca aprendimos la lección. Siempre nos rebelamos a su voluntad, aún cuando el Hijo resucita y obtiene vida eterna, como ejemplo de lo que nos sucederá si aceptamos a Dios en nuestro pasar y le obedecemos. Caemos en pecado una y otra vez, y en eso culpamos al Demonio de tentarnos. ¿Dónde está la omnipotencia de este Dios, que no es capaz de librarnos de una buena vez de este maldito Lucifer que nos lleva por el mal camino? Y dónde está –otra vez –su infinita bondad, que deja que en el mundo haya tanta maldad, tantos desposeídos sufriendo por hambre, tantos inocentes siendo víctimas de la guerra, tantas injusticias en el mundo….?

Pero no, estoy equivocada. Me explican que Dios no es el que concibe el mal o permita que sea, son los mismos seres humanos los que hacen que exista. Somos poseedores de un libre albedrío, la existencia del mal y el bien depende de nuestra capacidad de decisión propia ante la bifurcación del camino que nos llevará hacia uno u otro lado. Dios es amor, y en su bondad nos dotó de esta capacidad, como un padre amoroso dota a un hijo de cualidades. Pero hasta donde yo sé, un padre de la raza humana como los que conozco, y que por lo tanto no es perfecto, ni omnisciente ni menos omnipresente, trata de encarrilar a sus hijos cuando ve que éstos han obrado mal. Nadie que tenga un padre en su sano juicio pueda decir que nos dejó mandarnos cagazos sin un reto, recriminación o consejo por lo menos, y hasta ahora, los seres humanos se mandan cagazo tras cagazo sin que medie la intervención de este Padre Celestial que todo lo ve y está en todo lugar, y más aún, deja que esto suceda en su nombre, a través de la historia y hasta nuestros días hay guerras, matanzas, violaciones de los derechos humanos en nombre de Dios. No es que quiera ser malintencionada y pensar que Él deja que los humanos se maten los unos a los otros, sólo por ver hasta dónde son capaces sus hijos de llegar por su causa.

En vista de toda la parrafada anterior, sólo se me ocurren dos alternativas: o Dios no es un ser infinitamente bueno (sino más bien perverso y manipulador), o este Dios, al menos en esta concepción de cómo lo conocemos, sencillamente no existe, y es la mentira más grande de todos los tiempos. Porque si lo vemos fríamente, un Dios capaz de dejar que tanta maldad sea posible, debe tener una dualidad, que disfraza constantemente con la existencia de un antagonista que es Satanás, al cual no es capaz de eliminar con lo que se contradice eso de su omnipotencia. Si dijéramos que hay un ser superior que es bondad y maldad al mismo tiempo, todo tendría mucho mayor sentido. Y hay una cosa más: ¿Por qué razón Dios creó al mundo, un mundo donde él sabía, el ser más perfecto de su creación se iba a conducir derecho a su autodestrucción? ¿Sólo porque estaba aburrido y se le ocurrió hacer algo para demostrar cuán poderoso es? Quizá Él esté constantemente divirtiéndose a costa de nosotros, manteniéndonos en este sistema cerrado que se llama Tierra, como nosotros podemos hacerlo con un grupo de ratas de laboratorio dentro de un terrario, y ver cómo se comportan entre ellas manipulando ésta o aquélla condición. O tal vez, lo hizo sabiendo lo que los humanos harían en su nombre, porque necesitaba que haya un ser tan parecido a Él pero que siempre lo declare superior, lo alabe y lo idolatre. A cada rato el Libro dice que debemos ser humildes, mansos de corazón, seguir su voluntad y humillarnos ante su presencia (palabras literales). No me cabe que un ser perfecto e infinitamente bueno, pueda caer en un pecado tan feo como el de la soberbia.

No pues. No puedo creer en ninguna de las cosas que dije en el párrafo anterior, porque de manera lógica, no tienen ni patas ni cabeza, o al menos una explicación plausible. Esta historia de la creación, a mi juicio, no es más que una alegoría, una especie de fábula como las de Esopo o una de esas parábolas que su Hijo tan bien aprendió a contar, tan fantástica como el mito del Caleuche, y a la vez, tan verosímil en la mente de los Cristianos como los múltiples dioses que representaban las fuerzas de la naturaleza en la mente de los hombres de nuestros pueblos originarios. Y sin embargo, crecí y llegó el momento en que dejé de creer en el Viejo Pascuero que vive en el polo Norte y el Conejo de Pascua que trae huevos pintados, pero me doy cuenta de que hay quienes nunca terminan de crecer y siguen creyendo en este Ser Superior que creó el mundo en 7 días y todo lo puede, excepto contra el Demonio. Los niños siguen portándose bien para que el Pascuero les traiga regalos, y los grandes lo hacen para optar al Paraíso y no irse al Infierno, como si no fuera cosa de agarrar un diario o prender la tele para darse cuenta de que el infierno está aquí mismo, en la mitad del globo terráqueo o a la vuelta de la esquina, y este Dios tiene un rol igualito que el Cuco o el Viejo del Saco, actúa metiéndonos miedo o haciéndonos codiciar una recompensa, y no porque en algún momento reflexionemos sobre nuestros actos y nos conduzcamos basados en nuestros valores. Que me acusen de pobre de espíritu, de ignorante, de atea recalcitrante o falta de fe, no creo ser ninguna de esas cosas pero prefiero eso y tratar de mejorar un poco cada día respetando mis principios, que ponerme una venda y proceder ciegamente y sin cuestionar nada en nombre de un Ente que no me permite actuar salvo sea a través del miedo o de la codicia. Y más aún, creer en un Ser que supuestamente nos dota de libre albedrío, pero para seguirlo debemos renunciar a usarlo, porque creer en él significa no preguntar, no cuestionar, no pensar. Si ese es el Dios en el que hay que creer, inmediatamente estaré segura de que no existe.

lunes, 23 de febrero de 2009

Es cuestión de seguir caminando

15/01 – 17/02 Bahía Coique, Lago Ranco
24/02 – 05/03 Ancud (Ayudante de un curso en Quempillén)
26/03 Santiago, Concierto de Radiohead

… y luego? Qué se vendrá?
Tantas preguntas, tantas cosas pendientes, tanta incertidumbre…

Dicen que el 2009 será un año difícil, de crisis, de cesantía, de escasez…
Y -dicen que- el 2009 tengo que dar la defensa de tesis, titularme, buscar trabajo estable… y a veces pensar en ello me da susto

(siempre supe que Valdivia no es buen lugar para trabajar en mi campo de acción, pero ahora no me gustaría alejarme tanto de acá, no quiero irme tan lejos, no quiero dejar más cabos sueltos, ni apartarme de lo que me ha estado haciendo bien)

Así que mejor creer en las casualidades y confiar en mi buena estrella, porque esta canción llegó de casualidad y no pudo haber sido en mejor momento
(y así recordar que no es cuestión de pararse a esperar que la vida resuelva el asunto)


No es cuestión de tirar las paredes
Tapizar el sillón vaciar el armario
No es cuestión de perder los papeles
Ni romper esa foto ni quemar el diario

No es cuestión de cruzarse de acera
Ni volver la mirada ni vengarse del mundo
No es cuestión de enterrarse en la arena
Ni agotar la memoria ni ponerse un escudo.

No creo que sea cuestión de estrellarse
Contra el muro que va levantando el recuerdo
No creo que sea cuestión de pararse
A esperar que la vida resuelva este asunto.

No es cuestión de encalar la fachada
Ni borrar las pisadas ni cuestión de vencer
No es cuestión de tirarse a la cara
Los reproches pendientes ni de quién dijo qué
Ni pensar qué podría haber sido
Si no hubiera llegado el final de este cuento
Ni quitar o poner al pasado
Lo que fuimos sumando, lo que fuimos perdiendo.

No creo que sea cuestión de estrellarse
Contra el muro que va levantando el recuerdo
No creo que sea cuestión de pararse
A esperar que la vida resuelva este asunto.

Es cuestión de seguir caminando
Es cuestión de querer y poder
Es cuestión de saber levantarse
Es cuestión de ponerse de pie.

Ni pensar qué podría haber sido
Si no hubiera llegado el final de este cuento
Ni quitar o poner al pasado
Lo que fuimos sumando, lo que fuimos perdiendo.



["La Cuestión" - Olga Román]

domingo, 12 de octubre de 2008

Es domingo por la tarde. Mis padres y mi hermano acaban de salir, se juntaron con mi tía y mi primo para ir al Parque (Cementerio), van a ver a mi abuela paterna y dejarle algunas flores. Bueno, así lo sienten ellos, y es la razón por la que no voy casi nunca. Nunca he explicado por qué, y tampoco lo preguntan, aunque siempre veo una leve expresión de reproche en sus caras, pero es algo que no entenderían. Para ellos, mi abuela está presente, los mira, los acompaña día a día, y ese ritual de ir todos los fines de semana -que el clima de Valdivia permita- es para ellos una manera de demostrar que no la han olvidado, y de que ella siempre los acompañe, en espíritu, en alma, en presencia o como le llamen. Pero para mí eso no existe. Las pocas veces que hago eso lo hago sola, para ver si de alguna manera siento lo que ellos, y eso nunca sucede, a fin de cuentas, lo único cierto es que ella ya no está de ninguna forma, y cuando me siento al lado de su tumba sólo percibo que ella se ha ido, y sólo veo ese pedazo de concreto con su nombre grabado que simboliza su ausencia, y deposito sobre él esas flores que sé, van a marchitarse en vano. Por eso no participo de esa visita familiar, porque nunca puedo ser parte de esa comunión, de esa certeza que tienen de que ella sigue allí, en algún lugar, tan abstracta y volátil como el aire pero siempre presente, mientras yo tengo que disimular esa soledad junto a ellos.

Mi abuela materna murió hace un poco más de un año de forma muy repentina. No hubo tiempo para despedidas ni palabras de último momento, y mi madre se siente aún culpable de no haberse dado el tiempo de decirle cuánto la quería, su muerte es algo aún no superado. Y esa es otra razón por la que mejor no emito comentarios, porque para ella quizá sea un consuelo magro, pero consuelo al fin, creer que mi abuela está presente junto a ella, en sus quehaceres diarios, en sus sueños y en sus pensamientos, y de esa manera puede saber todo lo que no pudo ser dicho.

Hoy he pensado mucho en ellas, en que si fuera cierto que ahora son capaces de ver todos mis pasos tratarían de mostrarme el camino al verme tan desorientada, o es que hay algún obstáculo insalvable entre el mundo de los vivos y el de los muertos que no las deja comunicarse conmigo? No, esas son las ilusiones de las que la gente se aferra para hacer más llevaderos los dolores y las ausencias. Ahora estoy poco ilusionada, quizá alguna vez creí que la magia existe y ahora me quedé sin ases bajo la manga, sin trucos nuevos para mostrar, no soy capaz de encantar a nadie, ni siquiera a mí misma, ni hay nada ni nadie capaz de encantarme a mí. Sí, al final esto es para decir que estoy triste, desanimada, desencantada, y me siento más sola que la cresta. No soy capaz de concentrarme en las cosas importantes y a veces me dan ganas de mandar todo a la mierda.

Me gustaría pensar y creer que existe alguna clase de presencia que me cuida y me guía, un ángel de la guarda, el alma de mis abuelas, algo que me haga sentir que no estoy sola. Pero no siento nada, sólo soledad, una soledad infinita, si es que así se define esa sensación de desarraigo, de no pertenencia, eso de estar siempre con gente alrededor, mucha gente dando vueltas, pero nunca con nadie con quien lograr una preocupación y comprensión mutua. Necesito un sustento, estoy cansada de sentirme en el aire todo el tiempo...

domingo, 31 de agosto de 2008

... Y quién lanza la primera piedra?


"El remordimiento crónico, y en ello están de acuerdo todos los moralistas, es un sentimiento sumamente indeseable. Si has obrado mal, arrepiéntete, enmienda tus yerros en lo posible y encamina tus esfuerzos a la tarea de comportarte mejor la próxima vez. Pero en ningún caso debes entregarte a una morosa meditación sobre tus faltas. Revolcarse en el fango no es la mejor manera de limpiarse."

Aldous Huxley


Los amigos están para celebrar y compartir con nosotros nuestros triunfos, para ser un pilar en el cual apoyarnos y consolarnos en nuestros fracasos, para reprendernos y enrielarnos por el camino correcto cuando evidentemente estamos metiendo la pata y no queremos darnos cuenta, están para todas estas cosas, pero nunca para juzgarnos. Para eso está todo el resto del mundo, y si alguien dice ser nuestro amigo y nos juzga, entonces no es tal. Sólo un amigo entendería que debe interpretar nuestros actos por el motivo que nos llevó a cometerlo, y no por el acto mismo.

El remordimiento es un sentimiento bastante indeseable, y suficientes motivos hay ya en la vida para sentirlo. Con un amigo, el remordimiento se siente cuando no siempre podemos estar ahí para apoyar y consolar, cuando no podemos compartir sus triunfos, cuando no somos lo suficientemente valientes para hacerles ver un error, por temor a su enojo. Y si ese remordimiento viene de hacerte cargo de alguna responsabilidad moral que sólo a ese amigo le incumbe, o de sentirte mal por un pesar suyo a raíz de algún sentimiento del cual no puedes hacerte responsable, y sin embargo lo haces, entonces esa persona no puede llamarse tu amigo, y menos aún si esa persona espera o piensa que debes hacerte cargo de tal responsabilidad.

A fin de cuentas, un amigo te tenderá la mano por no dejar que te revuelques en el fango del remordimiento, y menos será él el motivo por el cual lo hagas. Y para considerarse amigo de alguien, hay que partir por uno mismo, porque la amistad involucra respeto y cariño (amor, si quieren), y ambas cosas, una entrega recíproca y desinteresada. No existen los intereses creados en la amistad. Si me considero amiga de alguien, pensaría que aquella persona espera estas mismas cosas de mí.

Cuando empecé esta página, fue con la intención de desatorarme un poco, de que a quienes les interesara conocieran más de mí, que llegaran a este lugar a través de las huellas casi imperceptibles que iba dejando por el camino. Desde ese día ha pasado algo más de un año, y ese sentido ha cambiado un poco. Me di cuenta de que a través de esto, he podido revisar hechos que me han permitido acercarme un poco más a saber quién soy; y también, me ha permitido conocer más de las personas que me han visto aquí, de lo que ellas han podido saber de mí, a través de sus reacciones, porque me di cuenta que aunque se vaya por la vida cuidando cada paso, y tratando de no hacer demasiado ruido, no se puede caminar por este mundo sin provocar alguna reacción o transformación. Y me di cuenta también, que a medida que me voy haciendo más consciente de mi individualidad, más sola estoy, más encapsulada, más abstraída en mí misma, pero a la vez, más va percibiendo el resto del mundo de que existo, de que soy una persona que ocupa un lugar, y ese solo hecho comienza a molestar al resto. Y a través de esa paradoja, he aprendido yo una cosa más: da lo mismo saber todo de alguien, pero no se conoce a esa persona sino hasta que comienzas a darte cuenta de sus reacciones ante los actos y pensamientos propios. Y de todas las reacciones posibles, creo que la más simple y obvia, y muchas veces dañina, es el hecho de juzgar, sobre todo si ese juicio no se hace en tu cara, sino de forma anónima o con otras personas que, dependiendo de su fortaleza o volubilidad mental y de carácter, también pueden comenzar a juzgarte a partir de ese juicio inicial.

Volviendo un poco atrás, puedo decir que sumando y restando, para contar a mis amigos me sobran dedos de las manos. Estoy segura de que casi ninguno de ellos ha dado con este rinconcillo recóndito de la red, y la verdad es que ni siquiera es necesario, si lo han visto, no sería raro que ni siquiera se hayan molestado en dejar un par de líneas o bien ya no recuerden que esto existe, si al final, ellos no se extrañarían por ninguna de estas cosas. Algunos errores he cometido, he dañado a gente sin querer, he decepcionado y me han decepcionado, he aprendido un par de cosas, hasta el momento no he herido de muerte a nadie y no veo por qué mis errores puedan ser más terribles que los de cualquiera. Y sobre todo, si eso implica que los demás juzguen… y es tan terrible dar un traspié de vez en cuando? De dónde proviene la sabiduría de aquéllos que juzgan lo correcto y lo errado si ellos mismos no han cometido sus propios yerros? De verdad es tan difícil ver la viga en el ojo propio?

Lo bueno de todo es que de a poco se va perdiendo el temor a equivocarse, y no estoy justificando la maldad humana –que la hay- en pos de la experiencia personal de vida, sólo reclamando el errar como un derecho, y aceptando el deber que eso conlleva de afrontar las consecuencias de tales tropiezos. Y pese a todo, habrá quienes estén dispuestos a aceptar y comprender, porque han entendido que si algo hay en común entre todos nosotros es que los errores son algo inherente a la condición de haber nacido humano, y ante ese hecho, “con la misma vara que medimos seremos medidos”. El remordimiento es un sentimiento indeseable, y proviene desde el juez más implacable de todos, que es la propia consciencia.


[Jorge Drexler - La vida es más compleja de lo que parece]

miércoles, 18 de junio de 2008

Y a veces te extraño tanto


Sería mucho más fácil tener la certeza de tu presencia en mi vida, de tu mano invisible guiándome, no dejándome caer, levantándome cuando el abatimiento acecha, confortándome cuando la duda me lacere la mente con su punzón

Y yo elegí, elegí ser libre, elegí buscar mi propio camino, sola, sin ayuda, desorientada, porque no hay una huella previa en el páramo de esta vida, mi vida, elegí soltar esas ataduras que asían mi mente y me impedían volar, proyectarme, pero después de todo no sé hasta dónde puedo hacerlo. No sé hasta dónde llega esa superestructura de tal amplitud que parece invisible pero está presente, esa que limita mis ideas, mis pensamientos, mi capacidad de colegir, de analizar, de pensar, de volar, que mis padres y el colegio y el entorno y la sociedad y finalmente yo misma me he impuesto y de la que no he podido despojarme, que es como la burbuja de aire que me permite respirar y nutrirme, aun sabiendo que ese aire y ese alimento son una ilusión. Y tú eras parte/causa/creador de ella, y tú me fortalecías pero me coartabas, tu amor era una pesada carga para mis hombros, de a poco tu calor no quemaba mis labios ni encendía mi piel, ya no te pensaba antes de dormir ni al amanecer, hasta que un buen día la flama de Tu Palabra se apagó bajo la lluvia de mis vacilaciones, dejó de calentarme, se volvió vacía y yo tracé esa pared invisible que divide la razón de la fe. Cambié seguridad por incertidumbre, protección por desabrigo, me vi como Eva luego de morder la manzana, tan consciente de mi debilidad, tan avergonzada de mi desnudez, tan abierta a la noción del dolor y del placer, tan dispuesta a sufrir y a gozar, cambié irreflexiva inocencia por despojante libertad. Soy libre de vagar por el mundo, construyendo mi destino, trazando mis caminos, inerme y desvalida, vistiéndome de hojas y pieles.

Y a veces te extraño tanto… sobre todo ahora, que siento que la noche cae sobre mí, y necesito al menos una pequeña luz para no tropezar ni caer en los baches de este páramo, ahora que el amanecer aún está lejos pero yo debo seguir avanzando. Y a veces tengo tanto miedo de que no estés, requiero de tu abrazo cuando hay frío y me falta fortaleza, y siento que pierdo la fe y el sentido de estar aquí y caminar en medio de la noche oscura…

Te echo de menos, a TI… a ese Dios de la infancia, al que suponía escuchaba mis plegarias silenciosas formuladas con ojos cerrados y manos juntas, al que me prometía el Paraíso a cambio de mi obediencia y buena voluntad, al que siempre estaba confortándome, dándome una luz en medio de las tinieblas, y que yo sólo debía seguir para sentirme a salvo…
Y yo elegí ignorar esa luz a cambio de libertad para buscar mi camino, y tus oídos se hicieron sordos para mí, tan sordos que llegué a creer que le hablaba al aire, que eres simplemente una invención, un mito, un placebo, una superstición que ha durado demasiado tiempo, menos que aire… y ahora eres nada.

Ya no estás, te fuiste porque yo lo quise así, y siento miedo.
Pero por suerte, ya no te necesito.
Y espero no necesitarte nunca más, porque eso sería aceptar que mi vida ha fracasado. ¿Cómo no ha de fracasar mi vida si renuncio al sentido que le he dado?
Y una vida sin sentido no tiene razón de existir, y es curioso pensar que si en verdad tú existes y me diste la vida que tengo, aceptar tu existencia sería también aceptar que mi vida no tiene sentido alguno.
Y sería hora de ponerme un cañón en la sien


···


Escrito en Octubre de 2005.

viernes, 6 de junio de 2008

Y nadie nace sabiendo...

Creo que a mi cabecita le da por pensar muchas tonteras que no son positivas, de todas maneras, he tenido que aceptar algunas cosas que sin pensarlas no me habría dado cuenta de que son como son.

“Todo tiempo pasado fue mejor” dice un antiguo y trillado dicho, y muchas veces pareciera que es así. En tantas ocasiones me he preguntado por qué estoy tan triste, si mi vida no tiene mayores problemas ni riesgos, estoy rodeada de gente que me tiene afecto y se supone que estoy haciendo lo que me gusta… entonces, qué me pasa? Necesito una vida con grandes contratiempos? Algo que me haga valorar el momento que estoy viviendo? Qué provoca esta falta de motivación y no entregar el 100% en lo que hago? Por qué no hago lo que se supone que debo hacer, sabiendo que los plazos se cumplirán inexorablemente?

Muchas veces me he quejado de todo esto, sin encontrar las respuestas. Siento nostalgia de los tiempos antiguos, cuando todo parecía más fácil y grato… pero qué diablos? eso ya es parte del pasado, porque (sobre)vivir el presente como lo estoy haciendo causa que mi futuro se vea más incierto de lo que ya está. Tengo que aceptar que ciertas cosas y ciertas personas ya no están, y que no van a volver, por muy buenas que hayan sido. Tengo que aceptarme y quererme tal como soy, con todo lo bueno y lo malo que tengo en mí, sintiéndome segura de mis virtudes y haciendo lo posible por mejorar mis defectos.

Ya no puedo culparme por los errores que he cometido, porque todos ellos han tenido su cuota grandísima de enseñanza; es mejor agradecer por ello, porque en ciertas cosas ya no volveré a tropezar y es mucho mejor que sucedan ahora, cuando aún soy joven y tengo tiempo de enmendar el camino, lo que está hecho ya no se puede remediar, pero sí se puede sacar de ello lo suficiente para no volver a incurrir en las mismas faltas.

Ya no puedo seguir preguntándome por qué se cruzan en el camino personas indeseables que se mueven impulsadas por las malas intenciones, al final la maldad es sólo parte de la naturaleza humana, y como toda mala experiencia sólo sirve para ser más cauteloso para una próxima vez, y no encandilarse a la luz de amables palabras o dulces sonrisas falsas.

Ya no puedo lamentarme por las pérdidas, y tengo que meterme en la cabeza que es imposible retener algo que tiene que alejarse. Simplemente hay que resignarse en ciertos momentos, hay cosas que están más allá del alcance de mis manos, y al contrario, debo aceptar esto porque ningún hecho o afecto puede darse por sentado en la vida, en un abrir y cerrar de ojos las cosas cambian y sólo queda la amarga sensación de no haberlas aprovechado mientras estuvieron… y quizá esa sea la lección más importante, debo aprender a disfrutar lo que tengo mientras exista, porque nada es para siempre, debo concentrarme en lo que me gusta de cada cosa que tengo porque puede que mañana no haya marcha atrás, y debo aprender que cada cosa que poseo inevitablemente se acabará o se alejará algún día, y lo único que queda por hacer en este momento, en el “aquí y ahora”, es disfrutarla mientras pueda, sin pensar tampoco en el final. Y las personas que ahora están a mi lado no escapan a esta regla, porque su compañía no es definitiva y tampoco debo intentar detenerlas cuando llegue el momento en que tengan que partir.

Es extraño pensar siempre en el día de mañana, en el otro año, en el fin de la transición que estoy viviendo, cuando puede que mañana ni siquiera alcance a abrir los ojos… y al parecer, esto le pasa a todo el mundo, como si todos fuéramos a llegar a viejos, uno piensa en envejecer junto a la pareja, balanceándose apaciblemente en una mecedora, envuelta en un chal, leyendo en voz alta un cuento a los nietos, hacemos tantos planes que aún no saboreamos pretendiendo que el momento actual es el paso previo a eso, y puede que ni siquiera podamos estar aquí para concretarlos... y creo que es bueno darse cuenta, porque otros no tuvieron el tiempo y no hicieron los preparativos necesarios, ni pudieron llegar siquiera a coger un ápice de la realización de aquellos proyectos, porque para ellos no hubo un futuro.


Ya no quiero pensar en los tiempos pasados con nostalgia, porque de ellos ha surgido el presente que vivo, la experiencia y la conciencia actuales. No voy a aferrarme más a cosas que no volverán, ahora las dejo, me despido de ellas y para siempre las guardo, y tomo lo que ahora importa que es el presente, y aunque a veces sea más fácil quejarse o perder el ánimo, es mejor cambiar la perspectiva porque si hay veces en que me siento nostálgica, triste, pesimista o desanimada, no es comparable a sentirse arrepentida de haber desperdiciado la oportunidad de vivir cuando la tuve en mis manos.



(Y quizá no sea mala idea colgar esto en un lugar visible, para restregármelo en la cara cada vez que me den ganas de mandar todo a la mierda... y quizá, también, no sea yo la única que deba hacerlo...)



[Jorge Drexler, Sanar]

martes, 4 de marzo de 2008

*** Dedicado (sobre todo) a Loreto y Thamara... ***


Extraño las tardes de trabajos en la biblioteca

Extraño las noches de estudio en el Hogar Aysen

Hacer una cucha entre todos para comprar los ingredientes de la clásica cena de huevos con tomate y pan

La competencia entre Nano y yo para ver quien dejaba una capa de espuma mas espesa preparando café batido (pero él casi siempre me ganaba)

Los estudios de amanecida… cuando el Levi se hacia el fuerte para pasar dos noches seguidas de largo y a la segunda se dormía a las 10 de la noche, y la Silvana le buscaba una frazada para que siguiera durmiendo en el mismo sillón donde había quedado…

O al Nano jugando “tenis de aire” a las 5 de la mañana, que era el preámbulo de que moriría prontamente producto del sueño... o bien, queriendo a esas alturas reencarnarse en un manatí

A la Astrid bailando y enseñándonos coreografías Axé

Los carretes en el quincho del Nano con choripanes, un poco de alcohol y “nada de esto fue un error, wuoooo (8)…”

Y los estudios de Geología Marina, en que la mitad de la noche estudiábamos y la mitad conversábamos o creábamos canciones en el compositor del celular, pero siempre quedábamos la Thamara y yo porque a la Loreto le daba sueño antes, se ponía el pijama y se iba a acostar… y luego yo me iba a las 8, después de dormir como tres horas, para alcanzar a ducharme antes de la prueba que era a las 10 (es que vivíamos tan lejos…)

Fueron varios ramos que nos reunieron, Genética, Bioquímica, Física, Estadística, Meteorología, Geología… sufrimos bastante con ellos y fueron motivos de trasnoches y mañas, pero también perdimos el tiempo y lo pasamos bien… y quizá lo más importante de eso, más que haber pasado los malditos ramos de mejor o peor manera, son los vínculos creados entre nosotros.

Creo que el decir que todo tiempo pasado fue mejor, es porque el presente es tedioso, y el futuro incierto… pero peor que eso es que ya no estamos juntos y reunirse es cada vez más difícil, aun así los lazos quedan, al menos, no en todos los que estuvimos pero sí en la mayoría.

Vendrán días de trabajo intenso, algunos formarán familias, otros se casarán con su profesión, y quizá haya quienes cambien de rumbo y el mar ya no sea su norte, y vendrán también nuevas personas, nuevas amistades, nuevos “enemigos” y nuevos momentos simples para compartir y recordar, pero de cuando en vez vendrán a la memoria esas noches de estudio interminable, conversaciones entretenidas, y hasta peleas y también historias de amores fallidos, que marcaron nuestra transición a la adultez. Si somos mejores o peores personas ahora que antes, eso queda para cada uno, pero nadie pueda decir que salimos de la universidad siendo los mismos seres que cuando entramos, pues tendríamos que ocultar las marcas indelebles que han quedado en nuestros corazones y nuestra conciencia.



Parece que hoy ando más mamona que de costumbre…

sábado, 21 de julio de 2007

La cabeza en las nubes, los pies en la tierra

Hoy me di cuenta de que aun sin vivir demasiado, he logrado pocas cosas verdaderamente significativas en mi vida, y si ahora las perdiera, me quedaría con nada que le dé valor a mi existencia, sin ellas no tendría fe y hasta las esperanzas estarían de sobra.

Me di cuenta de que vivo bajo un constante temor, no lo descubrí hasta hoy, y es simplemente un horrible miedo a equivocarme. Es bastante paradójico, mi vida ha estado constantemente marcada por elecciones desafortunadas y tropiezos, algunos de los cuales no me siento orgullosa. A ratos he sentido miedo de arruinarlo todo, pero la base es siempre la que acabo de describir, y ese miedo constante al error es el que terminará por arruinar todas las cosas, a fin de cuentas.

Trato vanamente de encontrarle un sentido a las cosas que hago, a dejar de sentir que todo lo que realizo es por el deber de terminarlo, porque tengo que realizarlo. Me he dado cuenta que en mi vida muy pocas cosas han estado marcadas por la pasión, es una sensación que he sentido muy pocas veces. Siempre tuve muy arraigado el sentido del deber y la responsabilidad, todos los compromisos deben ser finiquitados, todas las promesas inquebrantables, todas las responsabilidades aceptadas, todos los deberes cumplidos. Nunca me pregunté el por qué, y hasta ahí todo estaba bien, me declaraba una niña feliz y con mucha suerte de levantarme a enfrentar un nuevo día, cada mañana. Pero de algún lado nacieron las dudas, las preguntas incontestables (aún debo averiguar desde dónde y en qué momento), cuándo dejé de tener paz, cuándo todos los cimientos de mis estructuras mentales y valóricas se mostraron endebles e hicieron que esta débil construcción de lo que soy tambaleara.

En este caso no sé de qué sirve tener algo de experiencia, para qué es útil haberse equivocado, haber aprendido ciertas cosas, será que tengo que darle alguna aplicación a todo esto? Y no sé si realmente alguna lección he aprendido, si todo aquello ha puesto ataduras a mi corazón, han ocultado su fuego interior, sin dejar que el calor se perciba fuera de este cuerpo. De qué ha sido útil si en vez de haberme hecho más madura y consciente, sólo me ha llenado de incertidumbre, de inseguridad en mí misma; cuál es la lección que debo aprender a fin de cuentas? Aprender a quererme y aceptarme aunque a veces no me soporte? Abrirme y dejar que todos miren mi interior, aunque no les guste lo que vean, aunque me arriesgue a que me hieran? A lanzarme como en un precipicio, hacia algo incierto, pero que puede ser mejor, en vez de quedarme en la seguridad del borde pero sin saberlo nunca?

Entiendo que todas las respuestas están en mí, y aun sintiéndome tan pequeña, me está costando trabajo hallarlas. Me gustaría que muchas cosas no fueran como lo son, pero al menos ha servido para ir asimilando de a poquito lo que no se puede cambiar y simplemente aceptarlo y resignarse a ello, y diferenciarlas de aquellas cosas por las cuales debo pelear aunque se vean lejanas e inalcanzables, pero que de una u otra manera son posibles y de algún lugar dentro de mí debo sacar el valor para conseguirlas. Debo aceptar que si esta “experiencia” adquirida me ha distanciado de ciertas personas a quien me gustaría entregarles parte de mí, es porque no son capaces de comprenderlo, o sencillamente no se lo merecen, que debo preocuparme por aquéllas que sí están cerca y pueden aceptarlo sin juzgarme.

Y la conclusión de todo esto todavía no la tengo, será un capítulo por escribir. Supongo que sigo en preparación, aún soy una aprendiz que nunca terminará de serlo, ya que no puedo ver las consecuencias de lo que no escojo, sino sólo aceptar lo que resulte de lo que sí y jugar mis cartas con todo lo que tengo, aunque no sepa a ciencia cierta aún a cuánto alcanza eso… pero seguro que no es poco, sólo debo conocer la versatilidad de las herramientas que están en mi poder para construir.

martes, 1 de mayo de 2007

Comenzando...

Todo el mundo tiene la necesidad de tener su espacio propio. Todo el mundo tiene la necesidad de expresarse. Ambas cosas están relacionadas, pero es difícil a veces unirlas. Tenemos la necesidad de ser escuchados, pero aquello se limita con la indiferencia de nuestros potenciales oyentes (o lectores), además de un lugar para hacerlo. Hay veces en que no podemos ser nosotros mismos, no siempre porque nos importe lo que otros digan, pero como seres sociales debemos regirnos por ciertas reglas y cánones y, ¿por qué no decirlo? Hay muchas personas que esperan cosas predeterminadas de nosotros, y quienes sean distintos deben vivir al margen de la aceptación colectiva.

Los blogs… qué maravilloso invento, al igual que todo espacio gratuito de “emancipación” personal. Como dice el slogan de Fotolog “share your world with the world”. Sobre todo en el ciberespacio, donde estos espacios se conjugan con el anonimato que otorga la inmensidad de la red. Un amigo dice que es triste tener un blog, ya que piensa que ese ser está tan sólo que necesita de los cibernautas para tener compañía. Otro dice que los fotologs son un grito desesperado de “mírenme! Estoy aquí y necesito vuestra atención!”. Pero y por qué ambas cosas no han de ser válidas? Es que acaso no estamos todo el tiempo rodeados por cientos de seres humanos tan comunes y corrientes como uno mismo, pero por lo mismo estamos solos? Cómo compartir "nuestro mundo con el mundo" si los pares cercanos nos ignoran? No hay que coartar las posibilidades... en el otro lado del planeta puede existir alguien a quien le interese "nuestro mundo", y le gustaría conocerlo y compartir el suyo propio. El Internet hace esto posible.

Ustedes, como meros espectadores y caminantes de una carretera tan extensa y con tantos callejones y avenidas como es la red, quizá remotamente lleguen a este lugar. Así mismo podrá llamarles su atención o no, y los menos, querrán pasar de visita y dejar su huella en él. Pero al fin y al cabo, lo que yo busco es tener mi propio rincón en el mundo, no me importa si es real o virtual. Si quieren verme o no, es su opción. Pero este rincón será como yo: sin un estilo en particular, sin un tema central, a veces fome, otras veces chica-migraña, y las más pensarán al leerme (si lo hacen) que soy anticuada y retrógrada. Pero como mi edad recién está pasando la segunda década, es que mucha gente dice que me comporto como una “vieja chica”, ya que no gusto de las cosas que a los de mi edad les causa distracción o placer (salvo algunas). Y si todos ustedes pasan de largo, eso no impedirá seguir vaciando algunos litros de mi vida aquí, porque este sitio será mío y podré hacer con él lo que yo desee.

Mi nombre está resguardado para que me conozcan sin prejuicios –si tienen ganas de hacerlo- , pero tampoco haré grandes esfuerzos en conservar el anonimato. Así que aquí ya estamos… este es el blog de la vieja chica… así no más soy.