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martes, 1 de marzo de 2011

Encontrar pareja es como comprar un auto: Osho semejanzas

(Esta es una reflexión chanta elucubrada luego de ver todo el show que mi progenitor hizo para comprarse su tocomocho, hace un tiempito atrás)


Es una inversión. Son bastante los recursos que se ponen en juego, y el riesgo es alto. La mayoría de nosotros se endeudaría en mayor o menor medida para obtener un auto, dependiendo de si existe ahorro previo o no. Lo mismo con una pareja, invertimos tiempo, esfuerzo, energía y hasta la salud emocional al involucrarnos con alguien, la calidad o cantidad depende de lo que queramos tener con esa persona y pesan bastante las experiencias previas. Como sea, SIEMPRE estamos arriesgando algo (incluso con un/a “tiramigo/a”, en que la línea entre lo light y el enganche puede volverse difusa y a la larga, pasarlo mal).

Lo obtenemos de acuerdo a nuestras posibilidades. La mayoría de nosotros no puede comprar un Ferrari, es demasiado caro, la patente es muy costosa, los repuestos difíciles de conseguir, gasta mucho combustible, etc. Simplemente no es accesible y punto. Aún así, lo ideal sería comprarse un auto nuevo, y si no se puede se adquiere uno con el menor uso posible y lo más cercano a las características deseadas. Dependiendo del género y el gusto, la mayoría puede fantasear con Scarleth Johansson o George Clooney (o ambos, y a la vez) pero hasta ahí nomás queda eso, en la fantasía. Y después de todo, para qué queremos un Ferrari? A menos que nos saquemos el Loto, comprarse uno es tan inteligente como tener un auto de 500 lucas y ponerle un sistema de audio de un millón.

Existe un ideal, siempre. Toda persona que quiere comprarse un vehículo sabe qué características necesita: city-car, deportivo ó 4x4, camionetas de cabina simple o doble, petroleros o bencineros, familiar o pequeño, o un modelo concreto. Y si no lo sabe, de inmediato comienza a pensar en qué le conviene cuando toma la decisión de obtenerlo. De la misma manera, uno también busca rasgos deseables: color de pelo y de ojos, altura y contextura, celos@ o liberal, machista, feminista o equilibrad@, etc. Y no falta quien busca al príncipe azul/princesa encantada del cuento, ese modelo específico al que difícilmente podrá acceder algún día, simplemente porque es un mito. Los más atinados entenderán a la larga que no existe el modelo perfecto, y terminarán por querer y aceptar el que tienen ya que esas mañas y defectos son los que hacen que el encanto y el gusto perduren.

Siempre se mira para el lado. No importa tener el vehículo que cumpla las expectativas, igual no faltará el que se voltee cuando pase ese precioso deportivo rojo pasión o soñará con ir al volante de esa enorme camioneta todo terreno con neblineras al lado de la cual hasta los tractores parecen escarabajos. Y al final, el que puede, puede nomás, pero hay que tener claro que alguien poseedor de dos o más vehículos se gana, si no es la envidia, al menos la reprobación y el pelambre de los demás. También huelga decir que todo mortal desea ser poseedor de algo por el que todos los amigos babeen, mientras sea de lejitos nomás (se mira pero no se toca, cabritooo... y tanto la pareja como el auto regalón son sagrados, nadie más que el dueño tiene permitido montarse encima).

Siempre se busca un modelo mejor. Apenas se compre un auto que supuestamente ha sido el mejor entre las opciones disponibles/accesibles, a poco andar uno va a encontrar detalles desagradables. Lo mismo al estar con alguien, después que pasa el primer enganche y ya no andan volando los corazoncitos rosados y los pajaritos de colores que nos tienen aweonaos tapan la visión empiezan a notarse las pifias, eso se cae de maduro. Y si entre sumas y restas el resultado nos empieza a dar negativo, se buscará un modelo nuevo para despachar al actual, ya que muchas veces es preferible andar a pie que soportar que se nos quede el auto en pana a cada rato, sobre todo a la hora del taco.

Se ajusta al principio de oferta y demanda. Según éste, si un modelo de vehículo (o cualquier otro bien) es muy cotizado en el mercado, su precio subirá y vice-versa. De igual forma, si una mina* es rica, tiene conversa interesante y además es coqueta/sexy, es obvio que le lloverán jotes pero entre todo ese cardumen de pirañas acechando para dar el mordisco apenas la situación se vea favorable, el pez más gordo se adjudicará este modelito; ella sería entonces algo como éste o este otro. Y al revés, una mina fea, fome, poco interesante o más pesada que un tren a pedales no tendrá muchas opciones y terminará yéndose con alguno que ande volando bajo (algo como así o así). Las demás, vendrían siendo algo intermedio como un Yaris, un Corsa o un Accent, generalmente sedan; es decir, un buen modelo, cómodo y bastante cotizado, pero demasiado común, por lo que siempre podría haber algo mejor… y en esta categoría jugamos la mayoría.
(*El ejemplo es “mina” porque es el lado desde el que escribo, pero la comparación es general y aplica pa’ ambos lados)

Para cada persona existe el modelo perfecto. Aquí me declaro creyente de que debe existir eso de “la otra mitad” en cuanto a tener pareja. Y así como cuando una persona sabe perfectamente cuál es el modelo de vehículo definitivo al que aspira, lo mismo pasa en las relaciones. Pero para llegar a eso, lo que más juega en contra es el azar, y existen los suertudos que justo encuentran a esa persona que buscan, con la que se complementan, la cual es perfecta con todas sus grandes cualidades y todas sus insufribles mañas, parejas que estando juntas construyen algo tan bueno que no podrían hacerlo mejor ni su vida sería tan plena si estuviera cada uno por separado. Pero ¿qué tal si sé exactamente el vehículo que quiero, y nunca me entero de que existe porque quien lo vende está en Arica, en Nueva Zelanda, en Arabia? ¿O estaba a dos cuadras y justo no vi el aviso? En ese caso, uno se arriesgaría por el modelo más parecido que encuentre y se quedaría con ése, aunque no es 100% el deseado, o en el peor de los casos, por apurones podemos encontrarlo ya habiendo comprado uno… ¿Qué pasaría si “esa persona” fuera la señora de mi hermano, o la polola de mi mejor amigo? ¿O está en una situación geográfica a la cual no llegaré nunca, o paso por ahí a destiempo? El mundo es tan grande para un animal del tamaño, costumbres y tiempo de vida como nosotros, y somos demasiado numerosos por lo que ese encuentro ideal entre las dos personas precisas debe ser tan probable como ganarse la Lotería. En definitiva, uno toma la decisión de quedarse con lo más parecido a lo que se busca, lo que al final dé saldo positivo (o neutro, depende de lo conformista que sea uno), y se arriesga, tiene hijos, intenta formar un hogar. Total para eso uno está en este planeta gastando aire, para arriesgarse, o no?

No todos quieren andar motorizados. Porque también existe el bus, el colectivo, la bicicleta y hasta la joyita del amigo que nos puede ir a dejar, todo lo cual es igualmente útil para llegar a destino. Y somos hartos los que preferimos andar de peatones por la vida, por diversas razones, aunque la mayoría quisiéramos subirnos a nuestro propio vehículo algún día… ir a pie puede ser divertido y nos exime de casi todas las responsabilidades, pero eso y el transporte público igual cansan a veces, a pesar de ser una buena y válida opción.


(Y justo ahora, yo ando pensando si tirarme a la piscina o no con un modelito que tengo visto, hay ganas pero existen detalles importantes que me hacen dudar harto...)

viernes, 30 de julio de 2010

Impresiones tardías acerca del Waka-Waka

Hace ya dos semanas que terminó el mundial de fútbol, y aparentemente todo ha regresado a la vida de costumbre: los noticiarios ya han vuelto a las secciones habituales de noticias, se acabaron los asados a diestra y siniestra, ya no se habla sólo de fútbol en la sección deportiva, las radios dejaron de torturar nuestros tímpanos con la insufrible tonadita de la Shakira, los jugadores de la Roja ya van pasando de ser gladiadores heroicos a seres humanos comunes y corrientes, y sobre todo, los hombres vuelven a interesarse por otras cosas que no involucren 100% fútbol. En realidad, a mí lo de ver patear la pelotita con hexágonos no me desagrada y hasta lo disfruto, aunque no sea hincha oficial de ningún equipo y no sufra los estragos que las mujeres emparejadas soportaron durante este mes que pasó, pero entre tanto wakawaka-vuvuzela-jabulani-tonkatanka y un sinfín de palabras exóticas, y el hecho de que TVN tuviera los derechos de emisión con lo que nos condenaban al suplicio de escuchar el relato del wea de Solabarrieta en cada partido importante, a esta altura se agradece que la fiestecita dure sólo 30 días, tiempo suficiente como para cansarse de esta burbuja deportiva donde todo era puro carrete y una excusa más para sacar la vuelta con impunidad.

Hay sitios en internet que afirman que la infidelidad femenina aumentó durante el mes que duró el mundial. ¿Coincidencia? Hay que tomar en cuenta que existe un gran número de mujeres a las que el fútbol les carga o les importa un rábano, y un mundial sólo trae incomodidades como no poder disponer del televisor a cualquier hora, falta de coordinación para compromisos o planes en conjunto, conversaciones prácticamente monotemáticas, una invasión de hombres mandrilizados que gritan y beben alcohol en el hogar propio… Y como guinda de la torta, no es nada de motivante para una mujer que su macho esté más ocupado tasando las piernas de Humberto Suazo que las de ella, o que sea irremediablemente hipnotizado por el plasma o pantalla plana con la repetición número mil de los mismos goles aunque ella le haga al frente una performance digna de Kim Basinger en 9 semanas y media.

Entonces ¿Qué deciden hacer las mujeres ante tal panorama? Señores, si piensan que a ellas les basta con sentarse a su lado y acompañarlos en silencio viendo a 20 hombres corriendo en pantalón corto por hora y media, se equivocan (20, los arqueros se visten como payasos y el árbitro suele ser medio guatón, así que no cuentan), no es suficiente con el abdomen perfecto de Alexis Sánchez o Cristiano Ronaldo ni con el sex-appeal de Iker Casillas. Claro, para distraerse podrían irse de shopping, al cine, a tomarse un café con las amigas y pelar al zombie que tienen por marido, pero hay ciertas necesidades insatisfechas que ameritan una canita al aire, y ni tontas ni perezosas, se buscan una sucursal temporal, algún individuo entusiasta que tenga la energía y disposición para apreciar otras redondeces además de un balón de fútbol, y otros temas de conversación alejados de los tiros penales y offsides (regla generalmente incomprendida por las mujeres no futboleras).

Viéndolo desde esa perspectiva, quienes realmente deberían agradecer por el fin del mundial no son las mujeres exasperadas sino los hombres cabeza de pelota, porque cuando ellos vuelvan a la normalidad y le brinden a sus compañeras las debidas atenciones, si no los pescan no será por despecho ni venganza, es sólo que quien tiene poca hambre no come con muchas ganas. En todo caso, no hay que preocuparse ya que eso durará poco y los deslices cometidos quedarán atrás al igual que este mundial que ya lentamente va pasando al olvido, género masculino y femenino volverán a convivir y enfrentarse en ámbitos fuera de un cuadrilátero gigante de césped y así será restablecido el equilibrio universal… hasta que llegue Brasil 2014.

lunes, 28 de septiembre de 2009

La femineidad tiene nombre y apellido.

Y se llama Barbara Blade.

Esa misma que sale en los comerciales del desodorante Lady SpeedStick, y que va por la vida saltando edificios y poniéndole la axila en la cara a cuanto galán se le cruza en el camino, porque ella no suda… cómo va a sudar, digo yo? A cualquiera que se depile con un cuchillo para matar rinocerontes ya no le quedarían glándulas sudoríparas, así que me huele a trampa eso de la efectividad del antitranspirante. Yo la veo y es toda una aventurera de esas que andan por la selva volando en lianas sobre los pantanos pestilentes, comiéndose a las serpientes para sobrevivir en el desierto del Sahara, en fin, haciendo cosas sucias, nada glamorosas y bien poco femeninas, pero al verla en acción varias veces me ha asaltado la misma duda: ¿por qué se ve sexy una mujer cuando sabe manejar una retroexcavadora o esos taladros gigantes para romper cemento (hombres, pinchen el link), o bien es capitán de un barco, soldadora, o conoce de mecánica de autos y motos? Si se supone que esos roles han sido históricamente realizados por machos recios de pelo en pecho, por qué se cotiza tan bien que una mujer los haga? Quizás en el fondo los hombres sienten atracción por lo masculino y no lo quieren reconocer, aunque a veces lleguen a parecer auténticos homofóbicos de closet de tanto que defienden su virilidad, o a lo mejor el sexo masculino es intrínsecamente ególatra y les encanta ver manifestaciones de masculinidad en todas las cosas, incluso –y sobre todo –en cuerpo de mujer.

Como buena bióloga, a una le da lo mismo andar mojada y sucia persiguiendo y agarrando con las manitos propias bichos marinos entre las rocas, o se banca andar con frío arriba de un bote y oliendo a pescado, a una puede encantarle el trabajo de terreno pero, o sea, nada de sexy andar con ropa de agua, botas de goma y gorrito de lana, por mucho que una aperre y se desempeñe bien en estas pegas de índole “masculina”… yo me miro así y encuentro bien difícil que un tipo cualquiera, por muy buena onda que pueda ser, se me acerque con esa pinta a hablarme con alguna intención de querer jotearme, ¿o no?


[Aquí mi pololi de verano, al cual pude conquistar a pesar de la facha, el barro en la ropa y el olor a mar, pero claramente este ejemplar macho no era de la especie humana].

No sé, habría que preguntarles a ELLOS por qué es deseable la versión femenina de un híbrido entre Indiana Jones y el Cocodrilo Dundee. Mientras tanto, Barbara Blade seguirá seduciendo atractivos galanes con su particular y coqueta técnica de ponerles su axila olorosa no-sudorosa sobre la nariz. Para mí que justo en esa parte de su anatomía esta mujer tiene algún tipo de feromona ultra súper dúper poderosa que deja a los hombres todos locos.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Chile rumbo al mundial de Sudáfrica (¿en serio?)

Ayer no vi el famoso partido, y obviamente no lo lamento. Más que nada porque situaciones previas me dejaron bien atravesada y eso dio pie a la escena siguiente:

Yo en la cocina lavando platos, llega P., otro habitante del manicomio prácticamente bailando porque recién había terminado el partido en que Paraguay le ganó a Argentina, quedando el primero clasificado y el segundo apenas a pelear el repechaje.

P. mandrilizado por el fútbol

Ganó Paraguay, mierda!  (8) ¡Cagaron los argentinos!!! (8) -acompañado de bailecillos arrítmicos-
Yo (irritada y con las manos llenas de jabón)
Y qué? De qué te alegras tanto?
P. (aún eufórico)
Que eso es bueno, porque a Chile le conviene que Argentina pierda, quedan más lejos de nosotros!
Yo (más irritada)
Bah, más nos convenía que perdiera Paraguay, que va arriba de nosotros ¬¬… no entiendo por qué taaaanta felicidad de que perdió Argentina
P. (sonriente)
Está bien que perdieran nomás! Por cachetones, por sobrados que son!
Yo (ya enojada a esas alturas)
Y qué con eso? Conoces algún argentino como pa' hablar así de ellos? Por último, los argentinos tienen personalidad nada más, no como los chilenos que somos unos ratones, apocados, que nos andamos alegrando de que los argentinos pierdan pa' sentirnos más… así somos!

P. aún en estado de mandrilización avanzada y sin darse por aludido, emprende la retirada para acomodarse a ver el partido REALMENTE importante, el de Chile contra Brasil. (Yo: “Bauuuuu la weá... debería haberme ido a ver el partido con cualquier mandril en vez de venir hasta aquí.”)

**Aclaración: cuando hablo de mandrilización, con el término me refiero al estado simiesco y casi básico al que llegan los machos de la especie humana en general, cuando se disponen a presenciar un encuentro futbolero, del país y color que sea.
No implica atentado contra el Cuarto Mandamiento (tomando en cuenta que mi Señor Progenitor que tanto me ha dado incluyendo la vida, es representante del género y se encontraba en el mismo recinto al momento, en un estado similar o peor) **

En fin, que eso me tuvo un rato refunfuñando, hasta deseando que Chile se fuera de perdices con los brasileños… porque los chilenos en el fútbol –y en general, en todo lo que somos reguleque nomás –resultamos ser como la adolescente más fea del grupo de amigas: ningún tipo la pesca, pero en una fiesta X justo se alinean los astros y el mino más potable entre la concurrencia la saca a bailar y le presta atención, y luego ella transmite de eso una semana entera, se lo cuenta a todo el mundo, incluso le saca pica a sus amigas; eso dura hasta que se entera que el tipo atinó con ella y dos chicas más en la misma noche, y hasta ahí le llega lo winner. Eso le pasó a nuestro país en las eliminatorias, en un momento se nos empezaron a subir los humos y justo vino ese partido con Venezuela, equipo al que mirábamos en menos y nos salió con su chancho al hombro, que casi perdemos en nuestra propia casa.

Sigo pensando: ¿qué importa la manera de ser de los argentinos? Siempre han sido buenos para el peloteo y porque una vez les tocó bailar con la fea –de la mano de Maradona, no es coincidencia –y justo a Chile le esté yendo bien, no quiere decir que haya que alegrarse por eso y extrapolarlo a otras situaciones de la vida. Quizás a ellos les inculquen desde pequeños el tratar de ganar, ser entradores, hablar fuerte y decir las cosas a calzón quitado, qué se yo, pero sí me consta que a los chilenos nos crían reprimidos, tímidos y mojigatos, y así llegamos a la adultez con esa actitud de tratar de no quedar mal con nadie pero alegrándonos de que al triunfador le pase algo malo, mientras que si nos ocurre a nosotros nunca es nuestra culpa (porque claro, el empate Chile-Venezuela se debió a que el árbitro ladrón a último minuto no cobró el penal, y no sencillamente a que Chile jugó como las pelotas todo el primer tiempo –nooo, era boliviano y nos quiso perjudicar!). A todo esto, parece que somos harto pencas como vecinos también ¿o no?

Y para el que tenga mala memoria, que recuerde de qué país es Bielsa, que con mucho, es el que ha sabido sacar lo mejor de una selección chilena en los últimos 15 años… y tampoco me parece coincidencia que justo los jugadores de este “seleccionado ganador” no sean ni muy faranduleros, buenos pa’ la farra ni chascones, ni anden con gafas estilosas ni piercings por todos lados… talento individual hay mucho en Chile, pero eso no basta si la actitud no cambia y se notó un montón ahora que llegó una mano dura que realmente impuso disciplina… es por eso que Chile va a Sudáfrica, ¡por fin!!! sin calculadora.

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Y obvio que sí, estoy triste por el 4-2... pero bueno, que sirva para que en octubre no pequemos otra vez de exceso de confianza al tocarnos contra dos equipos ahí nomás como Colombia y Ecuador, y a no dormirse en los laureles. No vaya a ser cosa que algunos se queden con los pasajes comprados y con un cuello de este porte.

martes, 9 de junio de 2009

La voz de los '80 (es lo que está de moda)


Nací en el ’83, en plena dictadura, aunque ese período prácticamente me lo perdí y ya llegada la “edad de la razón” (lo que me ocurrió como a los 10 recién) ya estábamos bajo un gobierno llamado democrático. Siendo yo chica, mis padres cambiaron el campo por la ciudad, estuvieron de allegados, hubo cesantía y escasez y salieron adelante, aunque yo mucho no me di cuenta porque como toda niña que salió de una familia donde la prioridad es el pan y no los libros, vivía en el mundo de Bilz y Pap. Así que me considero una persona “noventera” si hablamos en términos de esas categorizaciones por épocas que parece a todo el mundo le gustan. Y como representante de los noventas y ahora, del siglo 21, me apesta tener que mamarme todo ese reciclaje de los ochentas con el que nos bombardean.

Ahora todas las radios tocan música ochentera, le llaman “Clásicos” a cualquier tontera con un fondo de sintetizador barato que suene a cosa vieja y esos videos donde las niñas salen con unos peinados imposibles edificados a punta de laca, y los hombres con jeans apretadísimos, y todos con camisas colorinches y hombreras gigantes. Es súper bien mirado decir que te gusta A-ha, Journey, Reo Speedwagon, Bon Jovi, The Bangles y la gente de mi generación se informa e incluso van a las fiestas kitsch. Invitan a grupos y artistas al Festival de Viña aunque hayan pasado dos décadas de su desaparición, la moda también ha vuelto (aunque reciclada y más fresca), te subes al auto de tu amigo que antes escuchaba FM Dos o Rock and Pop, y ahora suenan la Universo, Infinita, Radioactiva o Concierto. Estas dos últimas cambiaron de tocar dance y alternativa por música ochentera… y así podrían seguir añadiéndose a la lista más y más ejemplos.

Pero la culpa no es de los ochentas, la música de los ’70 y ’60 también tienen su estatus. En realidad, lo que definitivamente no tiene nada de cool es decir que te gusta la música de los ’90, ni la de ahora tampoco a menos que sea “Indie”, porque eso es lo que está de moda (aunque una venga conociendo esa música desde los inicios, ahora tiene nombre propio y todos los weones la escuchan y una es parte del piño nomás). Los noventas son un período muerto por sí mismo, muchos estilos de los que sólo sobreviven los artistas que trascienden a las modas y ya se ganaron la inmortalidad, de los otros muy poco nos acordamos. Por qué entonces, hasta el más insignificante pelagato que tuvo un “one hit wonder” en los ochentas, parece merecer que lo recuerden 20 años más tarde? De dónde salió esa fiebre repentina y ese reconocimiento póstumo a una música que llega a oler mal de lo muerta que está?

Varios amigos dicen que es una cosa de poder adquisitivo, en 20 años más los de esta época lo tendremos y por eso estará de moda la música de esta década, ya que eso les conviene a las discográficas, y que eso es lo que sucede ahora con los ochenteros. Personalmente, pienso que el motivo es más profundo. Simplemente, la década pasada ni esta tienen nada que aportar. Estuvieron los ’60 con la libertad sexual y la revolución de las flores, los ’70 con el golpe de estado y una pérdida drástica de las libertades personales y colectivas, los ’80 con la efervescencia de la disconformidad de la gente y querer producir un cambio social. Todas esas épocas tuvieron su bandera de lucha, ideales por los cuales pelear, motivos para sentirse marginados, para luchar juntos por una causa, el sueño de la democracia, de la libertad y la igualdad. Los ochentas están marcados de años de sueños reprimidos buscando su emancipación, “la alegría ya viene” era lo que se coreaba. Existía la represión desmedida y el abuso de poder, el vivir en condiciones no humanas sin derecho a pataleo ni menos a beneficios, en fin, si la música de los ochentas está viva es por lo que ella representa aunque su calidad sea cuestionable (sino, qué me dicen de Los Prisioneros?). Y aunque mucho de lo que se escucha tenga origen gringo o inglés, no es eso lo importante, sino que el escucharla evoca momentos memorables y un cambio completo de escenario en nuestro país… es una cosa puramente nostálgica.

Los noventas, en cambio, son un período estéril. La alegría supuestamente llegó con una democracia en ciernes, más que nunca se hizo presente el sistema de libre mercado, los tratados de libre comercio y una economía floreciente. Se acabaron los ideales por los cuales luchar, ya no existe la represión ni la coacción, pasamos a un libertinaje total en todo ámbito donde todo está permitido, los valores se van haciendo anticuados como la Inquisición y a eso le llamamos un pensamiento “progresista”, donde ser una persona de principios es tan fácil como criticar el doble estándar pero sin dejar de usarlo cuando convenga, nos volvimos individualistas, competitivos y egoístas, dejaron de existir las banderas de lucha. El Axé y el reggaetón no son más que un reflejo de esa pobreza de ideales y de sustancia, porque ahora todo es superficial y desechable. La música de esta época vino a caer en terreno infértil, porque se acabaron los momentos memorables y las ganas de cambiar el mundo, por lo que no me extrañaría que en 20 años estemos en otra y no existan radios que cambien de rubro ni usemos nuestro poder adquisitivo para hacernos hasta de los lados B de los grupitos que no pasarán del 2010. Ni siquiera por la nostalgia… de qué? Si los ochentas están de moda, es por derecho propio.


viernes, 1 de mayo de 2009

Y fue por ti que aprendí a querer los gatos…

Así dice la Shakira en una de sus canciones. Y sí, aprendes a querer los gatos, aunque seas alérgica.

Te enamoras de alguien, tratas de conocerlo, a cada palabra o frase desconocida para ti te interesas y te informas para encajar con sus intereses y al final, resultas ser la mina más inculta que pisa la faz de la Tierra… y en realidad, no. Pasa que sus “capitales culturales” no son iguales a los tuyos, así de simple. Te encuentras de pronto con otro tipo con el que la conversación fluye naturalmente, ¡y hablan por horas! Que de música, que si leíste tal libro, que cuando pendeja metiste los dedos al enchufe o jugabas al ring-raja, que a los 15 te arrancabas a bailar a la disco y así suma y sigue. De tanto hablar te das cuenta que es el amigo perfecto para ti y te preguntas: ¿cuándo cresta sucedió eso? ¿Tienen tanto en común y de repente lo relegaste a la categoría de “amigo”? Porque claro, te vas a la casa, te acuestas y piensas lo bien que lo pasaste con él, pero de ahí a imaginar que va a despertar a tu lado a la mañana, ni hablar.

Y sin embargo, te deslumbras con un weón con el que tienes que esforzarte para tener temas en común, te afliges porque te dice algo y te quedas con cara de póker, cómo tan ignorante. Él se ríe y no le importa, mientras que tú tomas nota mental de la frase que te dejó pagando para prontamente y a la primera oportunidad ponerte al corriente, ayúdame San Google. ¿Crees que él hace lo mismo? Obviamente que no. Le importa un rábano que suceda eso, porque al rato se olvidará hasta de lo que almorzó. No se complica con tonteras de “no manejar los mismos temas que tú” o “quedar colgado con un comentario tuyo”. No pues, él simplemente seguirá cultivando sus propios intereses, y si tienes mala suerte, probablemente ni se enterará de los tuyos, mientras tú te estresas y te llenas la cabeza de datos sueltos que al pasar el tiempo olvidarás, dejándote peor que al principio. En fin, te mamas al puto gato, perro, iguana o animal de turno aunque la alergia te esté matando, la pregunta es: ¿hasta cuándo eres capaz de soportarla? Y, ¿crees que él haría lo mismo por ti?

No te sorprendas si al mirar atrás te das cuenta que has estado con tipos que son la viva personificación del pastelismo y ahora, te preguntas en qué pensabas cuando te metiste con ellos. Tenían defectos enormes, en su escala de prioridades siempre pasabas a un lugar secundario, y lo peor, es que algunos ni siquiera salvaban como amantes, así como para compensar. Nuevamente… ¿En qué cresta estabas pensando? Y no, no te entregaban lo que tú esperabas, incluso haciéndote cuestionar si no les pedías demasiado, y ahora lo piensas mejor y protestas: ¿por qué debía conformarme con menos?

Resumiendo, ninguno de esos especímenes se hubiera echado a la espalda una puta alergia, simplemente te hubieran pedido que cambies a tu gato por un perro, y san se acabó. Así que, mejor búscate un mino cuya mascota no sea un felino, y si lo tiene, que al menos valga la pena el esfuerzo de decir: “Y fue por ti que aprendí a querer los gatos…”

lunes, 13 de abril de 2009

Dios es Amor... (entonces, por qué existe el Mal?)

"Reflexión de Semana Santa"

Dios creó el mundo en 7 días, creó a Adán el primer Hombre, y de su costilla a Eva la primera Mujer. Ambos eran inocentes como niños y no tenían internalizado el concepto del bien ni del mal, así que Dios les dijo que podían disfrutar del jardín del Edén pero les prohibió que comieran el fruto de un árbol en particular –con el tiempo se dijo era una manzana, pero eso no es del todo claro – . No obstante, como seres inocentes que eran, no fue así, ya que todo el mundo sabe que si dejas a dos niños en una pieza llena de juguetes y les dices que pueden hacer lo que se les antoje, menos comer de la fuente de caramelos de la mesita de centro, en algún momento se aburrirán y pensarán en hacerlo, habiendo prohibición mediante. Y quizá el Edén terminó por aburrirlos, sobre todo a Eva, quien como buena mujer y con una curiosidad insaciable que condena a nuestro género hasta los días de hoy, fue y comió uno de esos frutos, a instigación de una serpiente, y luego, convidó de la manzana a Adán. Desde entonces, fueron echados fuera del paraíso y condenados ambos a la mortalidad, a él a ganarse el pan de cada día con el sudor de su frente y a ella a parir sus hijos con dolor (y de paso, pagar su pecado en cómodas cuotas mensuales). La pobre serpiente, fue destinada a comer polvo o al menos, a ser un animal rastrero y despreciable.

Cuando yo era chica y estaba obligada a asistir a las clases de religión, me contaban esta historia, y a la vez me convencieron de que Dios es un ser omnipotente (todo lo puede), omnipresente (está en todo lugar y todo momento), omnisciente (todo lo sabe) e infinitamente bueno, y así había sido el creador de todas las cosas. De alguna manera, quizá de la misma forma en que yo creía en la existencia de un Viejito Pascuero que nos trae regalos por el sólo hecho de “portarnos bien”, me convencieron de la existencia de ese Dios con tales características.

Por las mismas épocas, y en las clases de castellano (a las que también estaba obligada a ir pero sí me gustaban), me hablaban acerca de las leyendas y siempre sentí mucho interés por los mitos chilotes: el Trauco, la Pincoya, el Caleuche, son los que de inmediato se grabaron en mi memoria. Y también, me decían que como mitos que eran, pasaban de manera oral y de generación en generación, por lo que con los años se les iban agregando más detalles extraordinarios conformes pasaran por las innumerables bocas, gargantas y oídos a través del tiempo. La gente los creía, ya que daban una explicación a hechos que simplemente escapaban al entendimiento, como la desaparición de los pescadores, el repentino embarazo de una joven doncella o la arbitraria abundancia y escasez de los recursos marinos que constituían la base de la alimentación de las familias. Y con el tiempo, se habían transformado sólo en eso, una leyenda, una historia anecdótica, ya que en la actualidad se han dado luces de que todos aquellos fenómenos realmente tienen una explicación lógica, y estas historias, más que explicaciones, ahora son parte de la identidad y cultura de un pueblo.

Lo mismo en las clases de historia, donde nos hablaban de Mayas, Aztecas, Incas y diversos pueblos originarios de Chile, todos con un sinnúmero de divinidades que merecían los más diversos sacrificios y que a fin de cuentas, respondían simplemente a los elementos de la naturaleza que ellos no podían controlar: lluvias, sequía, actividad volcánica, tormentas y terremotos correspondían a negligencia del pueblo hacia sus dioses, que de alguna manera no estaban satisfechos. Qué bárbaros y crueles me parecían, en esos ritos que muchas veces se nos mostraban sangrientos y crueles. Qué equivocados estaban en su cosmovisión politeísta, cuando en realidad existía sólo un Dios al que había que adorar, y la única manera de complacerle era cumplir sus mandamientos, y rezar con ojos cerrados y con las manos juntitas, para pedir y agradecer. Y sobre todo, creer en Él sin discutir. No era mucho pedir, o sí?

Sin embargo, había ciertos aspectos que no terminaban por quedarme claros:
¿Por qué la historia de la creación del mundo se decía verdadera, cuando en sus detalles fantásticos nada puede envidiarle un mito chilote o cualquier leyenda griega o romana? Claro, la diferencia es que esta historia –verídica –está contada en un libro sagrado, del cual supuestamente ni una coma ha sido cambiada desde que se escribió, a diferencia de esas historias que pasan de boca en boca y sufren cambios según el capricho y la imaginación del relator. Lo malo de este libro es justamente eso, que como sagrado que es, ni se te ocurra objetar o siquiera cuestionar lo que dice, aunque pienses que está lleno de falacias y contradicciones (No, mejor ni lo pienses o las penas del infierno caerán sobre ti).

Pero considerando que la historia fuera cierta, ¿dónde queda eso de que Dios es omnipresente, para no estar ahí e impedir que Eva coma la manzana y más encima tenga tiempo de presentarla ante Adán? ¿Cómo dejó que la serpiente la engañe, y Dios no previó que eso podría suceder? Siendo así, en ese caso Dios no es omnisciente, si se supone que todo lo sabe. Y finalmente, ¿de dónde salió esa serpiente a tentar a Eva, que acaso este animal fue enviado por Lucifer, el ángel que entró en rebelión? Eso no aparece en la Biblia explicado pero si así fuera, ¿cómo dejó Dios que el Mal entre en el jardín del Edén? A esto puede decirse que Dios dejó deliberadamente que todo ellos sucediera, pero, ¿Qué acaso no es Dios infinitamente bueno, por qué iba a dejar que le ocurriera daño a los seres de su creación hechos a su imagen y semejanza? Y conociendo todo esto, ¿Por qué razón castiga a Adán y Eva, viendo lo premeditado de su plan? Claro, dentro del plan estaba el castigarlos, y hasta ahí me cuesta ver la “infinita bondad” del creador en cuestión.

De ahí en adelante, todos los descendientes de Adán y Eva caen en desgracia y están marcados por el pecado de sus padres. Entonces me surge otra duda, porque, si todos nosotros venimos de los primeros humanos, entonces o estamos todos emparentados, y nos andaríamos reproduciendo hasta con nuestros hermanos (cosa bastante reprobable biológica y socialmente), o hay alguna parte de la historia que me perdí en el camino. Y que todo el mundo se perdió, porque ni la Biblia ha podido contestar de manera satisfactoria esta pregunta. Pero siguiendo adelante, es necesario que el hijo de Dios venga a la Tierra, en forma humana para derramar su sangre y sufrir la ley de los hombres, y de esa manera lavar el pecado de nuestros primeros padres y tener de nuevo entrada al Paraíso. Me volvía a cuestionar entonces: ¿Qué tanta bondad puede haber en un ser que engendra un Hijo con el sólo objetivo de que venga a sufrir, derramar su sangre y morir de la forma más grotesca a fin de que los seres que Él mismo creó puedan entrar a un lugar que Él nos ha vedado? ¿Qué acaso eso no está simplemente en su voluntad? ¿Por qué su hijo debe morir tan cruelmente para que esto sea hecho, y cuál es la diferencia de este sacrificio con los que hacían las culturas precolombinas a sus múltiples dioses?

Así y todo, los seres humanos nunca aprendimos la lección. Siempre nos rebelamos a su voluntad, aún cuando el Hijo resucita y obtiene vida eterna, como ejemplo de lo que nos sucederá si aceptamos a Dios en nuestro pasar y le obedecemos. Caemos en pecado una y otra vez, y en eso culpamos al Demonio de tentarnos. ¿Dónde está la omnipotencia de este Dios, que no es capaz de librarnos de una buena vez de este maldito Lucifer que nos lleva por el mal camino? Y dónde está –otra vez –su infinita bondad, que deja que en el mundo haya tanta maldad, tantos desposeídos sufriendo por hambre, tantos inocentes siendo víctimas de la guerra, tantas injusticias en el mundo….?

Pero no, estoy equivocada. Me explican que Dios no es el que concibe el mal o permita que sea, son los mismos seres humanos los que hacen que exista. Somos poseedores de un libre albedrío, la existencia del mal y el bien depende de nuestra capacidad de decisión propia ante la bifurcación del camino que nos llevará hacia uno u otro lado. Dios es amor, y en su bondad nos dotó de esta capacidad, como un padre amoroso dota a un hijo de cualidades. Pero hasta donde yo sé, un padre de la raza humana como los que conozco, y que por lo tanto no es perfecto, ni omnisciente ni menos omnipresente, trata de encarrilar a sus hijos cuando ve que éstos han obrado mal. Nadie que tenga un padre en su sano juicio pueda decir que nos dejó mandarnos cagazos sin un reto, recriminación o consejo por lo menos, y hasta ahora, los seres humanos se mandan cagazo tras cagazo sin que medie la intervención de este Padre Celestial que todo lo ve y está en todo lugar, y más aún, deja que esto suceda en su nombre, a través de la historia y hasta nuestros días hay guerras, matanzas, violaciones de los derechos humanos en nombre de Dios. No es que quiera ser malintencionada y pensar que Él deja que los humanos se maten los unos a los otros, sólo por ver hasta dónde son capaces sus hijos de llegar por su causa.

En vista de toda la parrafada anterior, sólo se me ocurren dos alternativas: o Dios no es un ser infinitamente bueno (sino más bien perverso y manipulador), o este Dios, al menos en esta concepción de cómo lo conocemos, sencillamente no existe, y es la mentira más grande de todos los tiempos. Porque si lo vemos fríamente, un Dios capaz de dejar que tanta maldad sea posible, debe tener una dualidad, que disfraza constantemente con la existencia de un antagonista que es Satanás, al cual no es capaz de eliminar con lo que se contradice eso de su omnipotencia. Si dijéramos que hay un ser superior que es bondad y maldad al mismo tiempo, todo tendría mucho mayor sentido. Y hay una cosa más: ¿Por qué razón Dios creó al mundo, un mundo donde él sabía, el ser más perfecto de su creación se iba a conducir derecho a su autodestrucción? ¿Sólo porque estaba aburrido y se le ocurrió hacer algo para demostrar cuán poderoso es? Quizá Él esté constantemente divirtiéndose a costa de nosotros, manteniéndonos en este sistema cerrado que se llama Tierra, como nosotros podemos hacerlo con un grupo de ratas de laboratorio dentro de un terrario, y ver cómo se comportan entre ellas manipulando ésta o aquélla condición. O tal vez, lo hizo sabiendo lo que los humanos harían en su nombre, porque necesitaba que haya un ser tan parecido a Él pero que siempre lo declare superior, lo alabe y lo idolatre. A cada rato el Libro dice que debemos ser humildes, mansos de corazón, seguir su voluntad y humillarnos ante su presencia (palabras literales). No me cabe que un ser perfecto e infinitamente bueno, pueda caer en un pecado tan feo como el de la soberbia.

No pues. No puedo creer en ninguna de las cosas que dije en el párrafo anterior, porque de manera lógica, no tienen ni patas ni cabeza, o al menos una explicación plausible. Esta historia de la creación, a mi juicio, no es más que una alegoría, una especie de fábula como las de Esopo o una de esas parábolas que su Hijo tan bien aprendió a contar, tan fantástica como el mito del Caleuche, y a la vez, tan verosímil en la mente de los Cristianos como los múltiples dioses que representaban las fuerzas de la naturaleza en la mente de los hombres de nuestros pueblos originarios. Y sin embargo, crecí y llegó el momento en que dejé de creer en el Viejo Pascuero que vive en el polo Norte y el Conejo de Pascua que trae huevos pintados, pero me doy cuenta de que hay quienes nunca terminan de crecer y siguen creyendo en este Ser Superior que creó el mundo en 7 días y todo lo puede, excepto contra el Demonio. Los niños siguen portándose bien para que el Pascuero les traiga regalos, y los grandes lo hacen para optar al Paraíso y no irse al Infierno, como si no fuera cosa de agarrar un diario o prender la tele para darse cuenta de que el infierno está aquí mismo, en la mitad del globo terráqueo o a la vuelta de la esquina, y este Dios tiene un rol igualito que el Cuco o el Viejo del Saco, actúa metiéndonos miedo o haciéndonos codiciar una recompensa, y no porque en algún momento reflexionemos sobre nuestros actos y nos conduzcamos basados en nuestros valores. Que me acusen de pobre de espíritu, de ignorante, de atea recalcitrante o falta de fe, no creo ser ninguna de esas cosas pero prefiero eso y tratar de mejorar un poco cada día respetando mis principios, que ponerme una venda y proceder ciegamente y sin cuestionar nada en nombre de un Ente que no me permite actuar salvo sea a través del miedo o de la codicia. Y más aún, creer en un Ser que supuestamente nos dota de libre albedrío, pero para seguirlo debemos renunciar a usarlo, porque creer en él significa no preguntar, no cuestionar, no pensar. Si ese es el Dios en el que hay que creer, inmediatamente estaré segura de que no existe.