jueves, 10 de septiembre de 2009

Chile rumbo al mundial de Sudáfrica (¿en serio?)

Ayer no vi el famoso partido, y obviamente no lo lamento. Más que nada porque situaciones previas me dejaron bien atravesada y eso dio pie a la escena siguiente:

Yo en la cocina lavando platos, llega P., otro habitante del manicomio prácticamente bailando porque recién había terminado el partido en que Paraguay le ganó a Argentina, quedando el primero clasificado y el segundo apenas a pelear el repechaje.

P. mandrilizado por el fútbol

Ganó Paraguay, mierda!  (8) ¡Cagaron los argentinos!!! (8) -acompañado de bailecillos arrítmicos-
Yo (irritada y con las manos llenas de jabón)
Y qué? De qué te alegras tanto?
P. (aún eufórico)
Que eso es bueno, porque a Chile le conviene que Argentina pierda, quedan más lejos de nosotros!
Yo (más irritada)
Bah, más nos convenía que perdiera Paraguay, que va arriba de nosotros ¬¬… no entiendo por qué taaaanta felicidad de que perdió Argentina
P. (sonriente)
Está bien que perdieran nomás! Por cachetones, por sobrados que son!
Yo (ya enojada a esas alturas)
Y qué con eso? Conoces algún argentino como pa' hablar así de ellos? Por último, los argentinos tienen personalidad nada más, no como los chilenos que somos unos ratones, apocados, que nos andamos alegrando de que los argentinos pierdan pa' sentirnos más… así somos!

P. aún en estado de mandrilización avanzada y sin darse por aludido, emprende la retirada para acomodarse a ver el partido REALMENTE importante, el de Chile contra Brasil. (Yo: “Bauuuuu la weá... debería haberme ido a ver el partido con cualquier mandril en vez de venir hasta aquí.”)

**Aclaración: cuando hablo de mandrilización, con el término me refiero al estado simiesco y casi básico al que llegan los machos de la especie humana en general, cuando se disponen a presenciar un encuentro futbolero, del país y color que sea.
No implica atentado contra el Cuarto Mandamiento (tomando en cuenta que mi Señor Progenitor que tanto me ha dado incluyendo la vida, es representante del género y se encontraba en el mismo recinto al momento, en un estado similar o peor) **

En fin, que eso me tuvo un rato refunfuñando, hasta deseando que Chile se fuera de perdices con los brasileños… porque los chilenos en el fútbol –y en general, en todo lo que somos reguleque nomás –resultamos ser como la adolescente más fea del grupo de amigas: ningún tipo la pesca, pero en una fiesta X justo se alinean los astros y el mino más potable entre la concurrencia la saca a bailar y le presta atención, y luego ella transmite de eso una semana entera, se lo cuenta a todo el mundo, incluso le saca pica a sus amigas; eso dura hasta que se entera que el tipo atinó con ella y dos chicas más en la misma noche, y hasta ahí le llega lo winner. Eso le pasó a nuestro país en las eliminatorias, en un momento se nos empezaron a subir los humos y justo vino ese partido con Venezuela, equipo al que mirábamos en menos y nos salió con su chancho al hombro, que casi perdemos en nuestra propia casa.

Sigo pensando: ¿qué importa la manera de ser de los argentinos? Siempre han sido buenos para el peloteo y porque una vez les tocó bailar con la fea –de la mano de Maradona, no es coincidencia –y justo a Chile le esté yendo bien, no quiere decir que haya que alegrarse por eso y extrapolarlo a otras situaciones de la vida. Quizás a ellos les inculquen desde pequeños el tratar de ganar, ser entradores, hablar fuerte y decir las cosas a calzón quitado, qué se yo, pero sí me consta que a los chilenos nos crían reprimidos, tímidos y mojigatos, y así llegamos a la adultez con esa actitud de tratar de no quedar mal con nadie pero alegrándonos de que al triunfador le pase algo malo, mientras que si nos ocurre a nosotros nunca es nuestra culpa (porque claro, el empate Chile-Venezuela se debió a que el árbitro ladrón a último minuto no cobró el penal, y no sencillamente a que Chile jugó como las pelotas todo el primer tiempo –nooo, era boliviano y nos quiso perjudicar!). A todo esto, parece que somos harto pencas como vecinos también ¿o no?

Y para el que tenga mala memoria, que recuerde de qué país es Bielsa, que con mucho, es el que ha sabido sacar lo mejor de una selección chilena en los últimos 15 años… y tampoco me parece coincidencia que justo los jugadores de este “seleccionado ganador” no sean ni muy faranduleros, buenos pa’ la farra ni chascones, ni anden con gafas estilosas ni piercings por todos lados… talento individual hay mucho en Chile, pero eso no basta si la actitud no cambia y se notó un montón ahora que llegó una mano dura que realmente impuso disciplina… es por eso que Chile va a Sudáfrica, ¡por fin!!! sin calculadora.

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Y obvio que sí, estoy triste por el 4-2... pero bueno, que sirva para que en octubre no pequemos otra vez de exceso de confianza al tocarnos contra dos equipos ahí nomás como Colombia y Ecuador, y a no dormirse en los laureles. No vaya a ser cosa que algunos se queden con los pasajes comprados y con un cuello de este porte.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Viejachica Jones, en busca de la Motivación Perdida.

Estoy cansada.
Cansada de tratar de avanzar, si estoy pegada al mismo lugar y no sé cómo salir.
Cansada de inventar excusas que ni yo misma me trago. Qué puedo hacer, no es posible engañarme a mí misma.
Quizá la solución sería mandar todo a la mierda y desaparecer, pero eso sería lo más fácil (¿o no?)

El tiempo pasa y cada vez es menos, y yo sigo en el lugar de siempre, sin dar un paso… será que la ilusión me abandonó y se olvidó de mí? O será que me espera en la misma esquina todos los días, pero yo soy tan ciega que paso a su lado y la ignoro?

Sí, estoy cansada.

Debería existir una manera de abandonarse a uno mismo, cuando nos cansamos. No tener que lidiar por un rato con ese yo interno tan odioso y antipático, dejar este cuerpo y mandarme a cambiar a cualquier parte para estar sola, si de todas formas no hay nadie, me cansa esta soledad rodeada de gente todo el tiempo.

Cuando el cuerpo se agota uno se acuesta y duerme, pero qué hacer cuando lo cansado es el espíritu? Qué hacer si no quiere cargar con este cuerpo?

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lunes, 3 de agosto de 2009

Odio la lluvia!!!


Así tal cual. Nunca la he podido pasar, a pesar de vivir toda mi vida en este pueblo venido a más. Sipo, si Valdivia se cree ciudad de tomo y lomo, aunque sea un pueblo minúsculo pero igual tiene sus aires de grandeza. Se las da de pulenta cuando llueve.

¡Es que a nadie le puede gustar la lluvia! A menos que se le corra una teja, claro. Cuesta un montón agarrar una micro, y cuando te subes van tan llenas que la gente torpe no se fija y te mete el paraguas por las costillas. ¿No se dan cuenta que no sirve de nada llevarlo si llueve con viento (o será que a algunos les gusta que se les de vuelta el paraguas, digo yo)? Ahí quedan los pobres, tirados como gatos atropellados a la orilla de los caminos. Ni hablar de andar por la calle, que si no te pilla el aguacero de una esquina a otra caminando no te preocupes, aparecerá justo el conductor mala onda cuando vayas pasando al lado de ese charco lleno de lodo e igual quedarás mojada hasta los calzones. Nadie sabe de dónde salen tantos autos que arman los tremendos tacos y ni el paso peatonal se respeta, si es que no te echan un par de puteadas por querer cruzar la calle en hora punta. Es probable que se corte la electricidad y los semáforos no funcionen, haciendo más caótico el caos. Llegas a tu casa con los zapatos embarrados que ensucias todo, y si no tienes una buena estufa, tu ropa mojada agarra ese aroma tan característico y agradable a humedad, una mezcla entre olor a pipí y perro mojado. Puaj.

La lluvia es la cosa menos sexy que puede haber… es decir, ¿Qué mujer se va a sentir regia estupenda si tiene que ponerse capas y capas de ropa que pareces repollo? Y encima de todo eso el impermeable, esa cosa entre plástica y verde que te hace parecer una lechuga envuelta en papel celofán. Y el pelo… si ya hay guerra con un poquito de neblina y se te esponja, con esta lluvia mejor agarras la rasuradora y te lo cortas al rape, y te dejas de complicar la existencia, pobre de ti si eres mujer de mechas largas –peor si crespas –, tu pelo se convertirá en un monumento a la entropía. Agreguémosle además, que tampoco te depilas porque NO es necesario. O sea, nadie en su sano juicio va a salir a la calle con vestido y panty-media transparente bajo esta lluvia –por eso me dan pena las niñitas que van a colegios católicos y las obligan a andar con faldita todo el año, lo que me hace reafirmar que quienes dirigen tales establecimientos carecen de sentido común –y por lo tanto, andas poco predispuesta para “la acción” (si eres mujer de acción, claro)... si te vas de fiesta llegas a tu casa como saliste, nada de incursiones nocturnas, mira que es de noche y podrían confundirte con Chewbacca y asustar a alguien.

Ni hablar de que en la mañana da una flojera espantosa levantarse, siempre hay poca luz y piensas que son las 5 de la tarde cuando son las 2 y las 8 de la noche cuando recién son las 6, porque ya está oscuro. Tanto gris te empieza a dar depresión y eso contribuye a no tener ganas de hacer algo por inútil que sea, agreguemos que la gente anda de mal humor por la congestión, las enfermedades que empiezan a proliferar con la humedad y el desgano general lo que hace que te sientas más deprimida y con ganas de matar al primer idiota que se te cruce de mala gana. No puedes salir a caminar, ni ir a un parque, ni a la playa y tienes que tomar taxi en trayectos que a pie haces en 10 minutos, si es que logras agarrar alguno vacío (a menos que sea algún retrasado que le guste andar pescando gripes de puro gusto), el detalle es que ni el verano se salva porque en esta cochina ciudad San Isidro se va en mala y te jode un tremendo panorama lloviendo justo el fin de semana que tienes libre, en pleno mes de enero y cuando el resto de los días hubo sol que caían los jotes asados… Lo único que dan ganas de hacer con esta puta lluvia es quedarse acostada todo el día, calentita bajo la colcha, durmiendo o viendo películas, pero sola aunque se te antojan unos abrazos o un regaloneo pero probablemente estás soltera o tu pierno peludo anda lejos y no puede venir (además acuérdate, no te has depilado)… ni eso, tienes que levantarte igual porque si fuera cosa de suspender actividades por lluvia, Valdivia se lo pasaría inactiva 10 de los 12 meses del año.

Ya, que me digan que el paisaje, que el río, que la Selva Valdiviana y etc etc y un cuantohay se lo debemos a la lluvia, no me vengan con eso a mí y llévenle ese cuento a la gente que se inunda todos los años en los barrios bajos a ver si están de acuerdo, y si no, salgan con su paraguas y su traje amarillo cantando “I’m singing in the rain” por encima de los charcos a lo Gene Kelly, y luego pasan a comprarse su Tapsin caliente en alguna de las coludidas pa curarse del lindo resfrío que se han de pescar. No pues, a mí no me viene ni la inspiración ni me produce emoción ni estoy lista para el amor ni hay una sonrisa en mi rostro y menos aún soy feliz again, como dice la canción. Lo que a mí me gusta es la playa con calor y tirarme en bikini de guata al sol.

Es que, en serio… a alguien le puede gustar la lluvia?!!!

jueves, 9 de julio de 2009

Más allá de las palabras

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Para C.K. .

[Estamos lejos]
Le invento poesía a tu cuerpo ausente, a tu imagen tras mis párpados al cerrarse y a tu recuerdo que resucita cuando nuestras horas mueren
Y de nada sirve, no hay reseña suficiente cuando se trata de hablar de ti
Ahora lejos, la emoción aflora y las palabras faltan
Pero al mirarte, la sonrisa se dibuja franca y las palabras sobran


[Estamos cerca]
(Entre tu mundo y el mío hay un abismo donde no existe puente más seguro que mis dedos enredándose con los tuyos
Entre tu cuerpo y el mío espera la ansiedad condenada a morir en abrazos
Entre tu piel y la mía aguardan vibrando caricias por ser entregadas
Entre tu boca y la mía están atadas por besos las palabras que nunca serán dichas)


[Estamos juntos]
Para nosotros no existe el futuro
Sólo un presente que se materializa en pequeñas islas dispersas en el mar del tiempo
Allí me tomas y consigues llevarme hasta el límite de lo imposible
Más allá de las palabras
(Donde las sensaciones brotan atropellándonos exaltadas, y pasan a tomar su lugar)




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[Pretendía que estas líneas fueran para ti, pero me doy cuenta de que tú, sin saberlo, sólo las pones en mi cabeza y me las regalas]
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martes, 9 de junio de 2009

La voz de los '80 (es lo que está de moda)


Nací en el ’83, en plena dictadura, aunque ese período prácticamente me lo perdí y ya llegada la “edad de la razón” (lo que me ocurrió como a los 10 recién) ya estábamos bajo un gobierno llamado democrático. Siendo yo chica, mis padres cambiaron el campo por la ciudad, estuvieron de allegados, hubo cesantía y escasez y salieron adelante, aunque yo mucho no me di cuenta porque como toda niña que salió de una familia donde la prioridad es el pan y no los libros, vivía en el mundo de Bilz y Pap. Así que me considero una persona “noventera” si hablamos en términos de esas categorizaciones por épocas que parece a todo el mundo le gustan. Y como representante de los noventas y ahora, del siglo 21, me apesta tener que mamarme todo ese reciclaje de los ochentas con el que nos bombardean.

Ahora todas las radios tocan música ochentera, le llaman “Clásicos” a cualquier tontera con un fondo de sintetizador barato que suene a cosa vieja y esos videos donde las niñas salen con unos peinados imposibles edificados a punta de laca, y los hombres con jeans apretadísimos, y todos con camisas colorinches y hombreras gigantes. Es súper bien mirado decir que te gusta A-ha, Journey, Reo Speedwagon, Bon Jovi, The Bangles y la gente de mi generación se informa e incluso van a las fiestas kitsch. Invitan a grupos y artistas al Festival de Viña aunque hayan pasado dos décadas de su desaparición, la moda también ha vuelto (aunque reciclada y más fresca), te subes al auto de tu amigo que antes escuchaba FM Dos o Rock and Pop, y ahora suenan la Universo, Infinita, Radioactiva o Concierto. Estas dos últimas cambiaron de tocar dance y alternativa por música ochentera… y así podrían seguir añadiéndose a la lista más y más ejemplos.

Pero la culpa no es de los ochentas, la música de los ’70 y ’60 también tienen su estatus. En realidad, lo que definitivamente no tiene nada de cool es decir que te gusta la música de los ’90, ni la de ahora tampoco a menos que sea “Indie”, porque eso es lo que está de moda (aunque una venga conociendo esa música desde los inicios, ahora tiene nombre propio y todos los weones la escuchan y una es parte del piño nomás). Los noventas son un período muerto por sí mismo, muchos estilos de los que sólo sobreviven los artistas que trascienden a las modas y ya se ganaron la inmortalidad, de los otros muy poco nos acordamos. Por qué entonces, hasta el más insignificante pelagato que tuvo un “one hit wonder” en los ochentas, parece merecer que lo recuerden 20 años más tarde? De dónde salió esa fiebre repentina y ese reconocimiento póstumo a una música que llega a oler mal de lo muerta que está?

Varios amigos dicen que es una cosa de poder adquisitivo, en 20 años más los de esta época lo tendremos y por eso estará de moda la música de esta década, ya que eso les conviene a las discográficas, y que eso es lo que sucede ahora con los ochenteros. Personalmente, pienso que el motivo es más profundo. Simplemente, la década pasada ni esta tienen nada que aportar. Estuvieron los ’60 con la libertad sexual y la revolución de las flores, los ’70 con el golpe de estado y una pérdida drástica de las libertades personales y colectivas, los ’80 con la efervescencia de la disconformidad de la gente y querer producir un cambio social. Todas esas épocas tuvieron su bandera de lucha, ideales por los cuales pelear, motivos para sentirse marginados, para luchar juntos por una causa, el sueño de la democracia, de la libertad y la igualdad. Los ochentas están marcados de años de sueños reprimidos buscando su emancipación, “la alegría ya viene” era lo que se coreaba. Existía la represión desmedida y el abuso de poder, el vivir en condiciones no humanas sin derecho a pataleo ni menos a beneficios, en fin, si la música de los ochentas está viva es por lo que ella representa aunque su calidad sea cuestionable (sino, qué me dicen de Los Prisioneros?). Y aunque mucho de lo que se escucha tenga origen gringo o inglés, no es eso lo importante, sino que el escucharla evoca momentos memorables y un cambio completo de escenario en nuestro país… es una cosa puramente nostálgica.

Los noventas, en cambio, son un período estéril. La alegría supuestamente llegó con una democracia en ciernes, más que nunca se hizo presente el sistema de libre mercado, los tratados de libre comercio y una economía floreciente. Se acabaron los ideales por los cuales luchar, ya no existe la represión ni la coacción, pasamos a un libertinaje total en todo ámbito donde todo está permitido, los valores se van haciendo anticuados como la Inquisición y a eso le llamamos un pensamiento “progresista”, donde ser una persona de principios es tan fácil como criticar el doble estándar pero sin dejar de usarlo cuando convenga, nos volvimos individualistas, competitivos y egoístas, dejaron de existir las banderas de lucha. El Axé y el reggaetón no son más que un reflejo de esa pobreza de ideales y de sustancia, porque ahora todo es superficial y desechable. La música de esta época vino a caer en terreno infértil, porque se acabaron los momentos memorables y las ganas de cambiar el mundo, por lo que no me extrañaría que en 20 años estemos en otra y no existan radios que cambien de rubro ni usemos nuestro poder adquisitivo para hacernos hasta de los lados B de los grupitos que no pasarán del 2010. Ni siquiera por la nostalgia… de qué? Si los ochentas están de moda, es por derecho propio.


viernes, 1 de mayo de 2009

Y fue por ti que aprendí a querer los gatos…

Así dice la Shakira en una de sus canciones. Y sí, aprendes a querer los gatos, aunque seas alérgica.

Te enamoras de alguien, tratas de conocerlo, a cada palabra o frase desconocida para ti te interesas y te informas para encajar con sus intereses y al final, resultas ser la mina más inculta que pisa la faz de la Tierra… y en realidad, no. Pasa que sus “capitales culturales” no son iguales a los tuyos, así de simple. Te encuentras de pronto con otro tipo con el que la conversación fluye naturalmente, ¡y hablan por horas! Que de música, que si leíste tal libro, que cuando pendeja metiste los dedos al enchufe o jugabas al ring-raja, que a los 15 te arrancabas a bailar a la disco y así suma y sigue. De tanto hablar te das cuenta que es el amigo perfecto para ti y te preguntas: ¿cuándo cresta sucedió eso? ¿Tienen tanto en común y de repente lo relegaste a la categoría de “amigo”? Porque claro, te vas a la casa, te acuestas y piensas lo bien que lo pasaste con él, pero de ahí a imaginar que va a despertar a tu lado a la mañana, ni hablar.

Y sin embargo, te deslumbras con un weón con el que tienes que esforzarte para tener temas en común, te afliges porque te dice algo y te quedas con cara de póker, cómo tan ignorante. Él se ríe y no le importa, mientras que tú tomas nota mental de la frase que te dejó pagando para prontamente y a la primera oportunidad ponerte al corriente, ayúdame San Google. ¿Crees que él hace lo mismo? Obviamente que no. Le importa un rábano que suceda eso, porque al rato se olvidará hasta de lo que almorzó. No se complica con tonteras de “no manejar los mismos temas que tú” o “quedar colgado con un comentario tuyo”. No pues, él simplemente seguirá cultivando sus propios intereses, y si tienes mala suerte, probablemente ni se enterará de los tuyos, mientras tú te estresas y te llenas la cabeza de datos sueltos que al pasar el tiempo olvidarás, dejándote peor que al principio. En fin, te mamas al puto gato, perro, iguana o animal de turno aunque la alergia te esté matando, la pregunta es: ¿hasta cuándo eres capaz de soportarla? Y, ¿crees que él haría lo mismo por ti?

No te sorprendas si al mirar atrás te das cuenta que has estado con tipos que son la viva personificación del pastelismo y ahora, te preguntas en qué pensabas cuando te metiste con ellos. Tenían defectos enormes, en su escala de prioridades siempre pasabas a un lugar secundario, y lo peor, es que algunos ni siquiera salvaban como amantes, así como para compensar. Nuevamente… ¿En qué cresta estabas pensando? Y no, no te entregaban lo que tú esperabas, incluso haciéndote cuestionar si no les pedías demasiado, y ahora lo piensas mejor y protestas: ¿por qué debía conformarme con menos?

Resumiendo, ninguno de esos especímenes se hubiera echado a la espalda una puta alergia, simplemente te hubieran pedido que cambies a tu gato por un perro, y san se acabó. Así que, mejor búscate un mino cuya mascota no sea un felino, y si lo tiene, que al menos valga la pena el esfuerzo de decir: “Y fue por ti que aprendí a querer los gatos…”